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martes, 29 de marzo de 2022

Lectura de "Traducir en Psicoanálisis" por Alfredo Salvador Cosimi.

(des)encuentro, letraducciones, margemdapalavra, publicaciones No hay comentarios

 


A Miguel, al dolido Miguel

Somos traductores todas las noches que soñamos. Así lo anotó Freud en la Interpretación de los sueños: la traducción es una operación estructural del aparato psíquico. Ubersetzung es su nombre alemán y así figura en el capítulo sobre el Traumarbeit, el trabajo del sueño, o sea el sexto. Y sus sinónimos teóricos en ese famoso párrafo son transferencia e interpretación. Transferimos el deseo inconsciente e interpretamos las fuentes somáticas del sueño, los estímulos durante el dormir, las fantasías y pensamientos preconscientes, los restos diurnos para escribir ese deseo en imágenes como si fueran jeroglíficos. Y en el primer capítulo Freud cuenta también como el estridente grito de un reloj despertador, estímulo durante el dormir, es traducido por una veraniega fiesta campestre que culmina cuando el soñante despierta por los sonidos insoportables de la campana de la iglesia. Pero ese mismo estímulo y en el mismo soñador, genera, en otro sueño, una escena invernal donde un trineo, llevado por perros, atraviesa la estepa nevada hasta que los ruidos jubilosos de los cascabeles de los animales rompen el sueño matinal. Son dos lenguas, aclara Freud, traducimos la lengua de los pensamientos del sueño a la lengua de la escritura en imágenes del contenido manifiesto. Lo curioso de ese soñador matinal que describe Freud es que produce, además, dos traducciones diferentes del mismo estímulo durante el dormir, de forma similar a como, según García Marquez, escribía Beckett algunos de sus libros: nunca los traducía, simplemente escribía uno en francés y otro en inglés aunque fuese aparentemente el mismo libro. Que la traducción sea en el sueño transferencia del deseo inconsciente, sugiere estudiar esto un poco más para la teoría de la traducción pero no lo haremos ahora.

Recordemos, también, que esta interpretación no estuvo siempre, solo aparece cuando Lacan, leyendo el texto en alemán, derriba la concepción de que estas ideas sobre la traducción y los dos lenguajes del sueño, son una de las muchas analogías didácticas de Freud; así habían siempre sido leídas. No es así en este caso, no son un modelo aclaratorio sino una verdad literal, una realidad. Así, una nueva traducción innova en la teoría, revitaliza la práctica. Por eso, un sueño puede ser, en determinadas coordenadas de la cura, un acto, un nuevo modo en que el sujeto traduce la pulsión aflojando así una fijación fantasmática lo que, a su vez, permite disipar un síntoma.

Y la traducción en el sueño nos lleva al libro que tenemos que presentar ya que en éste, el sueño, es también evocado, en el texto de Horacio al hablar sobre el ombligo del sueño como el límite a la traducción onírica, ese resto que la lengua de las imágenes del sueño no puede traducir, es lo no conocido, Unerkannt, que Lacan traducirá inventando teóricamente como lo imposible, Unmöglich.

Porque ese ombligo deseante que anota Horacio en un texto donde Anna O es recordada como traductora pionera, recordando casi un hablar en lenguas como se dice en Psiquatría, será el eje de una parte de los trabajos de este libro, lo imposible, es decir los límites de la traducción. En palabras de Maria Teresita no hay relación textual como no hay relación sexual, o como lo plantea Carlos hay desencuentro entre lenguas. Estamos en la primera parte del libro y allí escriben, como voy relatando, los editores. Justamente el eje que hermana esos tres textos trabaja de variadas formas lo imposible de la traducción

Luego, en la sección Invitados, aparecerán tres experiencias singulares de traducción, una sobre Lacan, otra a Freud y la tercera sobre la singular versión que Subirats hace del Ulises de Joyce.

“Le sobra gracia, pero lo falta rigor” es una frase de Etcheverry, el traductor de Freud de Amorrortu editores, que puede unir esta sección de traductores con la siguiente, Lectores. La retoma Sofía Ruiz para argumentar las relaciones y diferencias entre las traducciones de Ballesteros y Etcheverry y me hizo recordar unas de las últimas charlas con Miguel cuando le pregunté cual de las dos traducciones estaba, en su opinión, más cerca de la prosa de Freud, de su estilo. El me insistió con Ballesteros. Siempre se me han atragantado esos arcaísmos españoles que tanto florecen en el texto de Amorrortu y creo que Miguel compartía esta sensación, más allá de tuviese más argumentos que sostenían su preferencia.

Ahora bien, estas notas ha sido escalas necesarias ya que mi puerto de destino será la última y cuarta parte del libro donde moran dos textos de Ricardo Rodriguez Ponte sobre la traducción. Es que quiero agradecerle la frescura que me devolvió cuando el año pasado empecé a transitar sus versiones críticas de los seminarios de Lacan. Esas versiones son absolutamente necesarias para los estudiosos de un tema como lo son en Filosofía y Literatura, sin esas versiones críticas ni siguiera podríamos leer el Quijote salvo que estudiáramos ese castellano del siglo XVII tan extraño para nosotros. Pero además esas notas críticas nos dan el contexto histórico, es decir la semántica, de los nombres comunes o los sustantivos propios. Ricardo, a quién conocí en divertidos y rigurosos seminarios en EFBA donde, con algunos de los colegas que nombra en sus textos, polemizaban y competían sin perder el compañerismo y el humor, soñará con, copio, “una traducción sin notas” (2022: 100) ya que, y lo vuelvo a copiar, “…si no es llamada a un nuevo encuentro con el texto, persiste una dimensión de coartada” (2022: 100).

Bueno, creo que sus notas no tienen esa dimensión tramposa pues si, como adelanté, me refrescaron y ampliaron el sentido de lo que leía, también esas notas me volvieron a traer la problematicidad y la oscuridad del seminario lacaniano, el galimatías de sus diversas transcripciones francesas, o sea el no hay relación textual. Personalmente pienso, y en esto coincide otro sabueso lacaniano como Baños Orellana, que está bien que haya la versión blanda, la fácil de los seminarios, la versión oficial de Miller. En primer lugar porque es claro que Lacan lo quiso así, él mismo cita y comenta esas versiones y a su autor muchas veces. Pero aunque Lacan no tuviera razón y eso conspirara contra sus desarrollos teóricos, la solución es la misma que propuso Miller y que hasta ahora no cumple: abrir los archivos lacanianos, digitalizarlos y que circulen en las redes para que otros analistas realicen algo parecido a lo que hacía Ricardo: deslomarse comparando y criticando las versiones para hallar un texto que, más o menos, lo conformara. Porque esa es otra vislumbre que permiten las notas de traducción de Rodriquez Ponte: pispear el feroz y abrumador trabajo de comparación, reflexión y decisión teórica que las mismas transmiten.

Finalizo agradeciendo a los autores y editores, MaríaTeresita, Horacio y Carlos la oportunidad de estudiar un poco más un tema que me interesa y que hasta ahora no había encontrado ocasión para hacerlo. Y les deseo además que tengan muy buena suerte en esta fecunda tarea de traducción, edición y escritura, la dedicación la descuento.

Enero, 2022

 

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viernes, 22 de octubre de 2021

Traducir en Psicoanálisis.(Des)encuentro de las lenguas

(des)encuentro, letraducciones, psicoanálisis, publicaciones No hay comentarios


A un año del (des)encuentro Traducir en Psicoanálisis, del 19 de septiembre de 2020, realizamos esta pública-acción presentando el 25 de septiembre de 2021 el libro que inaugura esta Colección.

La convocatoria en aquel momento del 2020  fue: “(…) juntarnos a conversar sobre la experiencia singular de la traducción en psicoanálisis, en ese (des)encuentro que se produce entre las lenguas, al intentar hacerla posible”. Esa fue la invitación en nuestro flyer, que voló a través de las redes sociales trayendo a quienes llegaron desde diversos lugares del país y del Zoommundo: ¡lectores, psicoanalistas, traductores, curiosos y entusiastas admiradores!

La dinámica transcurrió por la presentación de trabajos intercalándonos entre letraductores e invitados: Claudia Bilotta, Lionel Klimkiewicz y Lucas Petersen aceptaron el convite que les hiciéramos. Un animoso clima se mantuvo en cada una de las seis exposiciones, con entusiasmo, preguntas, debate, que se extendió a lo largo de tres horas. Semejante animosidad nos instó, dedicándonos con vehemencia, a la edición de un libro, objeto que nos causa.

Decidimos publicar los textos comentados en aquella jornada de septiembre, con algunos bonus tracks. Además de los textos presentados, hicimos nuevas invitaciones para que se jugara en el mismo libro la función lectora: Zeila Facci Torezan y Sofía Ruiz participaron como asistentes y aceptaron también traer sus letras a la inaugural publicación de la colección.

Asimismo, no podía faltar la presencia del mencionado Maestro Ricardo Rodríguez Ponte y sus aportes invaluables en materia de traducción y establecimiento de los textos lacanianos, referente ineludible en/de cada una de las exposiciones.  De este modo contamos con su letra honrándonos en este libro, con el amabilísimo permiso de su esposa Hilda Schvarzman. Nuestro agradecimiento y homenaje convergen en la publicación de dos de sus textos sobre la idea misma de la traducción.

En el libro se encontrarán con Claudia Bilotta, relatando la puesta en acto de la carta… (robada, abierta, en souffrence…), Lionel Klimkiewikz aportando su experiencia en la traducción de los manuscritos freudianos, Lucas Petersen narrando la impecable biografía del primer traductor del Ulises de Joyce al castellano. Sofía Ruiz nos acerca la complejísima relación entre las versiones de los textos freudianos y Zeila Facci Torezan nos regala su amorosa iniciación a la lectura.

Con los textos de Letraducciones, tratamos de enmarcar nuestro trabajo: Carlos Marcos comienza introduciendo nuestro quehacer en los márgenes, Horacio Gómez nos trae lo emblemático del caso freudiano y María Teresita Pullol hace su apuesta a lo intraducible. 

El logo del libro abierto que nos trae Ailín Cáceres Pullol traduce visualmente la apertura del espacio editorial, en ese fort–da de las páginas implicando el vaivén de la escritura, cuando algo puede inscribirse.

Traducir y editar desde el equívoco fue la idea que captó Celina Kuschnir en la construcción y traducción visual de la composición de la portada, en la cual se plasma el (des)encuentro de la traducción y el psicoanálisis y los intersticios por donde se cuela la letra.

El sujeto dividido anuncia que siempre habrá algo que resta, y el fracaso de la representación implica una pérdida –una letra que Lacan llamó a–: habrá, entonces, un fracaso de la traducción y un “a” que puede tomar la forma de un libro. De este modo, fracasamos –una vez más– al editar este (des)encuentro de las lenguas, ¡con infinita alegría!.

 

Horacio Gómez - Carlos Marcos - María Teresita Pullol.

Letraducciones

*podés encargar tu libro por whatsapp: +54 11 3627 1910


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jueves, 24 de junio de 2021

(Des)encuentro Traducir en la Tragedia

(des)encuentro, letraducciones, quecirculelapalabra, tragedia No hay comentarios


 

La tragedia y el mito en psicoanálisis, serán la posibilidad de dialogar con nuestros invitados:
Esteban Bieda, traductor de la última versión teatral de Edipo, puesta en escena en Teatro Cervantes.
Carlos Bembibre, psicoanalista, actor, con su experiencia en la traducción de Medea y Lisistrata.
Luiz-Olyntho Telles da Silva, psicoanalista, escritor, lector, nos hablará sobre El engaño de Edipo.
Adriana Rey nos traerá la traducción gráfica de los mitos en las ilustraciones de @kikayer
Con esta megaproducción los esperamos, via Zoom, el Sábado 26 de junio a las 11hs (arg).
Actividad sin arancelar.
Inscripciones: letraducciones@yahoo.com
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domingo, 10 de enero de 2021

La traducción: cómo se lee a Lacan y cómo se lee en Psicoanálisis. Claudia Bilotta.

(des)encuentro, letraducciones, psicoanálisis No hay comentarios

 

LA TRADUCCIÓN: CÓMO SE LEE A LACAN

Y CÓMO SE LEE EN PSICOANÁLISIS [1]

 







Invitación

Entre otras razones, acepté la invitación porque sí tengo algo para decir respecto del asunto de la traducción en psicoanálisis, es desde el lugar de invitada que podría articularlo. Como invitada entonces, traje para compartir con ustedes una experiencia y una idea.

 La experiencia

Hace ya una considerable cantidad de años, le contaba a quien era mi analista, cómo se había presentado para mí la lectura de Lacan en francés. Entenderán que si lo contaba en tales circunstancias, era porque que lo suponía un problema. No se trataba de una posición respecto de las versiones oficiales sino de algo, que, sin proponérmelo, había resultado como una especie de método a la hora de leer. Me era necesario, antes de abordar el texto en su contenido, hacer un recorrido por su forma. Entonces, luego de buscar las palabras y expresiones desconocidas —no siempre con éxito— me dedicaba a componer antes que, a comprender, a tratar de inteligir la estructura de las frases antes que a captar aquello que decían. De alguna manera, leyendo en francés, me era más soportable, incluso era un hecho casi natural, no comprender en las primeras lecturas. Así, me había acostumbrado a leer las versiones francesas disponibles de los Seminarios, y también a entender, cuando lo conseguía, de a poco. Tal vez por eso, había sido más bien escaso mi contacto con las versiones que de esos textos, había hecho mi analista.

En el curso de esas sesiones fui invitada por Ricardo Rodríguez Ponte, mi analista de entonces, a realizar algunas traducciones. Traducciones que más que “en colaboración”, bien pueden llamarse “en transferencia”.

 

La tesis

La idea que anuncié en los primeros renglones, es ahora la tesis que pongo a consideración de ustedes. Y por ese movimiento, devino tesis: tal vez encuentre en la discusión, en el intercambio de hoy, las objeciones que le permitan avanzar.

Para comenzar a desarrollarla voy a valerme del cuento La carta robada de Edgar Allan Poe. Para los lectores de Lacan no es un cuento más: es el que brinda su nombre al trabajo que encabeza sus Escritos. Esa serie de artículos se ordena en forma cronológica, pero el lugar del Seminario sobre la Carta robada[2], no sigue ese ordenamiento, lo rompe. Tal vez este lugar, tenga algo que ver con que Lacan llamara a sus Escritos: “cartas abiertas”.

El cuento comienza así: “En un desapacible anochecer del otoño de 18… me hallaba en París, gozando de la doble fruición de la meditación taciturna y del nebuloso tabaco, en compañía la de mi amigo C. Auguste Dupin, en su biblioteca (…)”[3]

Comienza así, decía recién, y ahora agrego, comienza así en la versión de Borges. Como ya saben seguramente, hay también una versión de Cortázar, en ella leemos: “Me hallaba en París en el otoño de 18… Una noche, después de una tarde ventosa, gozaba del doble placer de la meditación y de una pipa de espuma de mar, en compañía de mi amigo C. Auguste Dupin, en su pequeña biblioteca o gabinete de estudios (…)”[4]

Las diferencias entre una traducción y la otra, no son más que sutilezas que vuelven reconocible la pluma del traductor detrás de ellas. Borges, Cortázar; cada uno sostiene con el idioma propio y con el idioma inglés, con el texto y su autor, con la literatura y con el público al que dirigen una relación diferente, de modo que la idea de que parten del mismo original, vacila, aunque por supuesto, el cuento que traducen, es el mismo.

Ese cuento tiene también una versión francesa, la versión de Baudelaire. La relación de Baudelaire y Poe, está documentada en la correspondencia del escritor francés. Leemos en la carta que le dirige al crítico de arte Théophile Thoré: “¿Sabe por qué he traducido pacientemente a Poe? Porque era igual a mí. La primera vez que abrí su libro he visto con espanto y arrebato, no sólo los argumentos soñados por mí, sino las frases pensadas por mí y escritas por él veinte años antes.” [5]

Aún capturado por el espejismo de la identidad entre sus pensamientos y los de Poe, Baudelaire deja una pequeña hendija por la que podemos formular una pregunta: Poe escribía en inglés, pero ¿en qué idioma pensaba Baudelaire? Cuentan sus biógrafos que fue su madre, hija de emigrantes franceses a Londres, quien le enseñó el inglés. Sin embargo, el dato resulta escaso para suponerlo pensando en inglés y no en francés.

Esta diferencia tampoco fue captada por los críticos literarios que señalaban a Baudeleaire como un imitador de Poe, al punto de acusarlo de extraer de él su poesía.

¿Es posible pensar “lo mismo” en inglés, francés, alemán o español? Creo que la pregunta ciñe bastante bien un problema relativo a la traducción, y también al psicoanálisis.

En el curso del Seminario Sobre la carta robada, Lacan objeta la traducción de Baudelaire. Para ser más precisa, objeta la traducción de “pulroneid” como “voleé”. Traduciendo así, dice Lacan, Baudelaire traiciona a Poe. Lacan propone en su lugar “en souffrence”. Me veo en el aprieto de tener que proponerles algún término para pasar esa expresión a nuestra lengua (¡aquí rodeada de traductores!) Bien, “en souffrence” admitiría pasar como “pendiente”, “en suspenso”, tal vez “atrasada”, pero notemos que cualquiera sea la elección, perdemos el sufrimiento que asoma en francés. Si optáramos por la literalidad de “en sufrimiento” se perdería bastante de lo que está en juego, y de paso, volvemos a Lacan un poquito extravagante para el lector en nuestra lengua. Dicho de otro modo, se perdería algo del “doble placer” del que venía hablando Poe en su cuento. Recordemos que se trata de una carta que si bien, finalmente llega a destino, hace en el cuento un recorrido generoso a la hora de procurar momentos de tensión en la historia. Se trata de una carta que vale más por la forma de sus desplazamientos, que por su contenido, que además, en ningún momento es revelado.

“En souffrance” proviene de la lectura que Lacan hace del cuento, lo extrae del texto, aunque no está escrito en él. “En souffrance” proviene de los desplazamientos de la carta, de su pasaje de mano en mano, pero esta expresión no está escrita en las palabras del cuento. No está escrita y sin embargo, Lacan la lee.

En el curso del Seminario sobre La ética del psiconálisis, Lacan traductor se mantiene mucho más cerca de las palabras del texto que lee, en esta ocasión, es el Proyecto de una psicología para neurólogos de Freud. En las sesiones que dedica a das Ding, nos pone al corriente, respecto de la dificultad del pasaje de “sache” y “ding” del alemán al francés. Ambos, se traducirían como “chose”. En español ocurre otro tanto, pasarían, ambos, como “cosa”. Deslinda, sin embargo, muy claramente ambos términos, “sache” se articula a la representación; en cambio, das Ding permanece irreductible, extranjera, tanto que pasa al texto francés en alemán. Hoy, en nuestro medio, hablamos de representaciones-cosa, y de das Ding. Una vez más la propuesta, en este caso, la no traducción de das Ding, se despeja de la lectura de Lacan. Ahora, Lacan no traduce pero lee, o mejor dicho; porque lee, no traduce.

Lacan vuelve sobre La carta robada en el curso del Seminario De un discurso que no sería (del) semblante. Esta vez me detengo no en el cuento, sino en el título del Seminario. En la versión de Ricardo Rodríguez Ponte es el que acabo de leer, mientras que en la de Paidós, el título del seminario es: De un discurso que no fuera del semblante.

Como en el cuento de Poe, las diferencias entre uno y otro, son sutiles. Aunque me resulta más difícil explicarlas como marcas de la pluma del traductor porque entiendo que en esas sutilezas se juega algo más que un asunto de estilo, aunque el asunto del estilo no esté ausente. Las sutilezas, la del uso del paréntesis y la de los tiempos del verbo, se apoyan en dos lecturas diferentes, en dos modos diferentes de tratar los problemas que ofrece el texto en cuestión.

Ricardo Rodríguez Ponte, escribe “(del)”. En el prefacio de su “Versión crítica” se encontraría, según nos informa una nota al pie de la primera sesión, la justificación del uso de esos paréntesis. Pero ese prefacio no está disponible. En las fuentes francesas que consulté, no aparecen los paréntesis. Tampoco en una foto (que entiendo, que espero no esté intervenida) en la que se lo ve a Lacan delante del pizarrón, luego de haber escrito allí el título del Seminario.

¿De dónde salen entonces esos paréntesis? Creo que se apoyan justamente en lo que Lacan desarrolla en el Seminario. O mejor, se apoyan en la lectura que Ricardo hace del Seminario. A través de los paréntesis advienen dos modos de leer el título: “De un discurso que no sería del semblante”, y “De un discurso que no sería semblante”.

En cuanto a los tiempos del verbo, Ricardo Rodríguez Ponte sostiene la literalidad del “sería” mientras que, en la versión de Paidós, aparece “fuera”.

“Sería” corresponde al condicional simple indicativo y expresa acciones o situaciones hipotéticas.

“Fuera” corresponde al pretérito imperfecto del subjuntivo. Usualmente se lo encuentra en oraciones exclamativas que expresan un anhelo que no puede realizarse.

Con la elección del verbo, en un título se pone en juego una hipótesis, en el otro un anhelo irrealizable, y en ambos, una lectura de lo que está en juego en el Seminario.

Es decir, y aquí la tesis que vine tratando de argumentar: el traductor lee. Obviar este asunto nos haría caer en un espejismo similar al de Baudelaire. Además, tratándose de psicoanálisis, estamos medianamente advertidos que el origen, aunque aquí se trate del texto original, está si no perdido, al menos complicado. Recordemos, además, que, en el caso de los Seminarios de Lacan, se trata del pasaje de lo oral al escrito. Estamos también advertidos que, en caso que hubiera alguna verdad, no sería la de la oposición verdad-falsedad, sino de la que se devele en la lectura de un texto. En la lista de advertencias, podemos agregar la del mal entendido.

Entonces, el asunto de la traducción en psicoanálisis en general, y de la traducción de los textos de Lacan en particular, nos vuelve sobre el asunto de cómo se lo lee. De cómo se lee a Lacan y de cómo se lee en psicoanálisis. Hacer del texto de Lacan un texto asequible a un público extenso; suavizarlo, volverlo comprensible, podría ser una opción.

En mi caso, tal vez por aquellas primeras lecturas en francés, prefiero las traducciones que permiten seguir las dificultades del texto, sus tensiones. Aquellas que con las herramientas de la lengua propia reconstruyen los problemas del texto. Es decir, las versiones que consideran que de nuestra posición como lectores, somos siempre responsables y por eso, dejan espacio para que un lector aparezca, sin sustraerle la parte que le toca en el “doble placer.”

Para terminar, si traducir es leer, y si leer implica una posición, la traducción en psicoanálisis es un asunto relativo a su política, relativa al modo de hacer que sus textos circulen, relativa al modo de hacer para que las “cartas abiertas”, las cartas “en souffrence” lleguen a destino.



[1] Texto leído en el (Des)encuentro de Letraducciones por Zoom en pandemia. Junto a Teresita Pullol, Carlos Marcos, Horacio Gómez, Lionel Klimkiewicz y Lucas Petersen. Sábado 19 de septiembre 2020.

[2] cf. Jacques Lacan. El seminario sobre La carta robada. En: Escritos I. Buenos Aires: Siglo XXI editores, 1988. pág. 5-55.

[3] Edgar Allan Poe. La carta robada. Madrid: Siruela, 1985. Traducción de Jorge Luis Borges. También pueden consultarse las versiones de Julio Cortázar, Alejandro Jockl, J. Farrán y Mayoral y Joseph Club, entre otras. Disponibles en: http://lamaquinadeltiempo.com

[4] Edgar Allan Poe. La carta robada. Madrid: Alianza, 1998.

[5] Charles Baudelaire. Il vulcano malato. Roma: Fazi Editore, 2007, p. 331

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miércoles, 2 de septiembre de 2020

Freud sin biblioteca. Carlos Marcos

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Debido a mi formación judeocristiana debo negar tres veces, si es que pretendo aspirar —llegado el caso— al trono del Sumo Pontífice: “|No soy psicoanalista, gracias a dios”. Primera negación.

Cuando recibo algún tipo de invitación a participar de una actividad, sea de psicoanálisis o no, siempre me interrogo más o menos por lo mismo —supongo que debido a cierta malformación profesional— y es sobre la utilidad de lo que puedo llegar a aportar. “No soy psicoanalista, dios no lo permita” —Segunda negación—, pero como bibliotecario y editor me preocupa la transmisión escrita sobre todo y la difusión del psicoanálisis puntualmente.

Con Horacio Gómez (alias Kowalsky) y con Teresita Pullol (alias Agente 99) nos cruzamos en el punto justo donde ellos venían pensando un espacio para trabajar la idea de la traducción, que llamamos Letraducciones, y yo venía de publicar una serie de trabajos colectivos experimentales sobre la idea de las “traducciones visuales”. En general se piensa con demasiada rapidez que la traducción es un pasaje de una lengua a otra, pero es un poco más que eso. Es también un pasaje de un lenguaje a otro. Y en mi modesta opinión, —ya se los adelanto— así como toda traducción es una interpretación, toda interpretación requiere un trabajo de edición donde intervienen una multiplicidad de factores y procedimientos literarios. Como ya he dicho varias veces: el psicoanálisis —para mi humilde opinión— el psicoanálisis es un procedimiento literario muy eficaz.

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En el caso de Freud, siempre me ha llamado la atención —y por eso el título de este trabajo— diversos comentarios, o una serie de comentarios —o lo que para mí es una serie— de pequeños manifestaciones completamente laterales, en las notas a pie de página, en su correspondencia, en las introducciones de Strachey o en los detalles como al pasar vertidos por alguno de sus biógrafos. Freud, o bien durante el trabajo de escritura de algunos de sus textos o bien al término de alguno de sus escritos —no en todos sus escritos, y de ahí su carácter—, se queja o alude a que ha tenido que escribir sin sus libros, sin su biblioteca. “Lejos de mi biblioteca”, aclara en algún caso.

Al poner el punto final en El malestar en la cultura —el texto que nos reúne hoy— Freud se encontra en Schneewinkel, una pequeña ciudad del Tirol en Austria —una ciudad extrañamente muy-muy parecida a Bariloche—, el 28 de julio de 1929, en una carta a Lou-Andrea Salomé lo cuenta así: “Queridísima Lou: Habrá adivinado con su habitual perspicacia, por qué he demorado tanto en responderle. Ana ya le habrá contado que estoy trabajando en algo y hoy he escrito la última frase que —hasta donde es posible aquí, sin una biblioteca— cierra el libro. (…)”[1] La carta, sigue… es más extensa.

Aún no termino de dilucidar si este tipo de expresiones en el maestro, responden a una fórmula que denota soberbia y arrogancia o cierta modestia y austeridad del mismísimo Freud… quizás las dos cuestiones a un mismo tiempo.

En estos casos, tanto en El malestar en la cultura, como en El porvenir de una ilusión, en Presentación autobiográfica, en ¿Pueden los legos ejercer el psicoanálisis?, en Comentario sobre el antisemitismo, en Psicología de las masas... o el mismísimo Moisés y la religión monoteísta, Freud alude a la falta de su biblioteca o a la lejanía de sus libros, de sus apuntes y notaciones, así como las notas de sus pacientes.

Regresemos un poco a Freud y algunos datos de su biografía que podrían ser útiles para lo que quiero contarles. Luego de un prolongado noviazgo de cuatro años, prolongado para aquella época, Freud se casa con Martha Bernays con quién —en los próximos nueve años— tendrá unos seis hijos. En 1895, la hermana de Martha, Minna Bernays —la Cuñadita, a partir de aquí— se muda con el matrimonio para colaborar en la organización familiar. A partir de ese año y hasta la muerte de Freud, vivirán juntos: Martha, Sigmund y la Cuñadita.

No voy a avanzar por el lado de esta relación tripartita. Pero, el maestro, tenía la costumbre de tomar unos días de descanso, o algún que otro viaje también, acompañado y asistido por su Cuñadita, cosa que habría levantado varias suspicacias en su época y posteriormente. Durante esos descansos disfruta de la lectura y organiza sus escritos. La Cuñadita, más despierta intelectualmente que su hermana, según Jones,  se ocupaba de asistirlo mientras Martha —menos afecta a moverse de casa— se dedicaba a las cuestiones domésticas, la casa y los niños. De este trío no voy a decir mucho más.

Voy a indicarles, si, que la biblioteca personal de Sigmund Freud, al momento de su muerte, contaba con 2.522 volúmenes cuidadosamente leídos, re-leídos, subrayados y anotados al margen. Como puede constatarse en el Freud Museum de Londres o a través de la visita virtual a ese mismo museo. Es una gran cantidad de libros o no, según como se vea, pero es la biblioteca personal del padre del psicoanálisis.

Freud tiene un estilo rodeado de sus libros, notas y apuntes de pacientes y otro muy diferente cuando toma distancia de su biblioteca. La óptica y la temática son muy distintas. No se trata de una falta de rigurosidad, puesto que luego es tremendamente implacable y sólido en sus correcciones, en sus notas, y sus agregados. Se trata de otra cosa. Freud en estos escritos levanta la vista y pone la mirada en la sociedad. Sus escritos logran —de ese modo— más afinidad hacia el hecho social, al hecho histórico y son escritos más ligados a sus vivencias personales. No se trata de escritos sociológicos sino de la mirada del psicoanálisis sobre lo social.

Voy a robarle una definición lateral a Theodor Reik. Que en la primera reseña de El malestar en la cultura, encomendada por el mismísimo Freud, dice: “También en otro sentido se distingue  el carácter de estos últimos escritos de los anteriores. Persiste la devoción por los detalles al mismo tiempo que se aventura en las grandes generalidades. Se abandona frecuentemente al microscopio para recurrir al telescopio”[2].

Es decir, —parafraseando a Reik, casi literalmente— Freud rodeado de sus libros y apuntes utiliza el microscopio y cuando toma distancia, desenfunda el telescopio.

•

Pensé que, leer El malestar en la cultura desde esta perspectiva de editor —y bibliotecario también, por supuesto— podría ser de alguna utilidad para Uds., no lo sé, veremos. Freud mismo fue un gran editor y estoy seguro que no desconocía algunas de las cosas que me gustaría puntuar.

En algunas oportunidades, cuando el psicoanálisis hace sus malabares —vamos a decirlo de este modo, si Uds. me lo permiten— suele olvidar, con un poco de desatención aquello que el psicoanálisis le debe a otros saberes nacidos antes o después de él mismo. Quizá le preste una mayor atención a disciplinas tales como la filosofía, las matemáticas, la historia, etc. y en menor medida recuerda la deuda con la poesía, con la novela y la literatura en general. Cosa que en estas Jornadas —afortunadamente— no ha ocurrido. Prueba de ello es la abundancia de citas literarias.

Freud crea un estilo dentro del género del ensayo, al que nosotros llamamos ensayo psicoanalítico. Luego vendrán otros, incluso Lacan con su estilo personal dentro de las marcas de época y del estructuralismo francés.

El género literario del ensayo psicoanalítico toma así otro color cuando Freud no tiene sus libros a la mano.  Se encuentra más ligado a la confesión que lo emparenta a la poesía, a la novela, a la historia, a la sociología o a la etnología. A mi gusto, la novela es el género más cercano a este tipo de ensayos, no sólo porque articulan o estructuran un relato sino porque tratan de montar una doble diferencia: en orden al sujeto y en orden a su tiempo.

Lo que diferencia a los géneros literarios unos de otros no es mucho, es la necesidad de expresarse que les ha dado origen. Se escribe por la necesidad que tiene la vida de expresarse de una u otra manera. Freud pone un empeño inusitado a lo largo de toda su obra en la transmisión y en la comunicación escrita. Lacan, a diferencia de Freud, también preocupado por la transmisión, pone todo su empeño de trasmisión en la comunicación oral, mientras que en sus escritos es sumamente descuidado.

El tono confesional de Freud le otorga a estos escritos una clara universalidad. Es el efecto buscado: “Este es mi caso y es el caso de todos”. El género de la confesión lo inaugura oficialmente San Agustín matizando ideas con vivencias personales o recuerdos de los que extrae sus ideas. ¿No tiene acaso antecedentes? Yo creo que sí. Para mí, un antecedente inevitable es el libro de Job y el relato en primera persona de sus desgracias, gran personaje de los textos hebreos y el malestar. 

Es arriesgado decirlo pero el libro que escribirá Freud a continuación será El Moisés…, entonces, desde mi punto de vista: El malestar en la cultura será el libro de Job freudiano de nuestra cultura occidental. Es la voz de Freud abandonado de sus libros, abandonado de la mano de su biblioteca hacia el lado de la pasión, hacia el lado de lo social, hacia el lado de lo humano, por la falta de pudor para hablar de sí mismo, de sus circunstancias y todos sus malestares... que serán los nuestros.

En esto se hermana y se diferencia con la novela, como les decía, aunque una novela sea en primera persona y en tiempo actual siempre nos lleva a un tiempo mitológico, el de la historia contada. La confesión de Freud, la queja de Freud, nos lleva a un tiempo de nuestra propia historia por contar.

“Yo no soy psicoanalista y dios se apiade de mi alma”. Tercera negación. Una vez más, tengo que repetirlo, por eso, lo importante para mí, como escritor o como editor es que el texto sea honesto, no me importa en absoluto la veracidad de la confesión tanto como la honestidad que despliega Freud y por supuesto la potencia que hace que este escrito llegue a nuestros días. Podamos leerlo aún hoy y confirmar esa honestidad.

Freud se ha preocupado de tener buenos editores para sus textos, Strachey, Jones, Lou Andreas Salomé, etc. Editar no es otra cosa que preocuparse por encontrar un estilo eficaz en la transmisión y la comunicación en el contexto histórico que se produce: ambiente social, histórico, cultural en que se sitúa la escritura y la publicación.

Evidentemente, los textos freudianos están plagados de material clínico, de ideas generales, grandes intuiciones, pequeñas reflexiones, observaciones directas y de terceros. Muchas veces no son ideas claras, elaboradas y definitivas sino una obra voluminosa donde esas idas, vueltas y revisiones constantes la vuelven accesible en retrospectiva y de alguna manera universal en el mismo sentido que la literatura.

Así como en la literatura ocurre que hay escritores que sólo escriben para escritores, en el ámbito psicoanalítico hay psicoanalistas que escriben sólo para psicoanalistas. Y me parece tan absurdo como tratar de sembrar sandías para vendérselas sólo a quienes siembran sandías. El estilo de escritura de Freud no es este y más aún alejado de sus preciada biblioteca. Freud se aleja de sus libros y se nos acerca.

Se asemeja, en este tipo de escritos, a lo que él mismo cita de uno de sus poetas de cabecera, Heinrich Heine, que dice: “El pensador,  con su gorro de dormir y los jirones de su bata, rellena los agujeros del edificio universal”[3]

Para Sigmund Freud —y para todos nosotros, espero— la falta de libros también es una/otra forma de biblioteca.



[1] Max Schur. Sigmund Freud: Enfermedad y muerte en su vida y en su obra (II). Barcelona: Paidós, 1980. pág. 613.

[2] Theodor Reik. La reflexión de Freud sobre la cultura. En: A medio siglo de El malestar en la cultura. México, Siglo XXI, 1985. págs. 118-119

[3]  cf. Sigmund Freud lo cita en varias ocasiones de memoria, en Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. En: Obras Completas de Sigmund Freud. Buenos Aires: Amorrortu, 1975. Tomo XXII. pág. 148. Pero también en La interpretación de los sueños y en una carta a Jung del 25 de febrero de 1908. cf. Heinrich Heine. Poema Nro. 60. En: El regreso. Madrid: Editorial América, 1920. El mundo, el alma, la vida, / son descosidos fragmentos: / buscando voy un filósofo, / germánico, por supuesto, / que un buen sistema me hilvane / atando esos cabos sueltos. / Con su bata y con su gorro, / ya, orondo y grave, le veo / tapando todas las grietas / y fallas del Universo.


Para comunicarse con el autor:   malpascal@yahoo.com.ar

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(Des)Encuentro Traducir en Psicoanálisis

(des)encuentro, letraducciones, psicoanálisis No hay comentarios






































Nos juntaremos a conversar sobre la experiencia singular de la traducción en psicoanálisis, en ese (des)encuentro que se produce entre las lenguas, al intentar hacerla posible.

Desde Letraducciones recibimos a Irene Agoff, Claudia Bilotta, Lionel Klimkiewicz y Lucas Petersen.
Sábado 19 de septiembre, 11 horas, plataforma Zoom

inscripciones: letraducciones@yahoo.com
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Habitando el sentimiento lingüístico nombrado en El malestar en la cultura, nos adentramos en los instersticios de la traducción EN psicoanálisis, intentando real-izar el pasaje de una lengua a otra, en transferencia con la obra de Freud y Lacan. Nuestro trabajo transita la experiencia del (des)encuentro de las lenguas Traducción visual: animación de Nico Mobi; música original Pengy SoundCloud

Freud en cuarentena. Traducción visual en mayo 2020.

"En las vacaciones de 189...emprendí una excursión por la montaña,con el propósito de olvidar durante algún tiempo la medicina, y especialmente las neurosis..." Así comienza Freud su relato del caso Catalina, y leemos la transferencia en la montaña. En la pandemia de 2020... podríamos comenzar el relato hoy, la montaña y el afuera detrás de la ventana, más que nunca, pero la transferencia, siempre, instalándose. Por esta traducción visual agradecemos la animación de Nico Mobi y la música original de Pengy SoundCloud

6 DE MAYO DE 2020

En el atípico año 2020 celebramos el nacimiento de Sigmund Freud. Esta vez, una traducción visual fue posible gracias a la animación de Nico Mobi, su cámara y su disposición.
"Mi teoría de la traducción, en abstracto, es: “Todo es traducible porque nada lo es”. En ese punto, me siento borgiano. Los idiomas son inconmensurables. Eso es lo ideal. Dos idiomas son dos modos de concebir el universo" (Ricardo Rodriguez Ponte, Lapsus Calami N4)

APENAS PENSA ARNALDO ANTUNES

Soy un artista de las palabras...

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