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domingo, 29 de mayo de 2022

Un lugar apropiado. Patricio Tejeiro. (presentación en La Plata de "Ahi viene Lacan...")

Lacanoamericana, letraducciones, psicoanálisis, publicaciones No hay comentarios

 


Un lugar apropiado

Este libro, que presentamos hoy en nuestra ciudad, resulta ser una obra; los compiladores -atravesando un proceso de entrevistas, edición, investigación y relevamiento de datos, fueron armando toda una obra producto de una lectura activa y de consecuente escritura, “a seis manos”[1], acompañando al lector en un recorrido ameno de los variados testimonios en que los protagonistas dan cuenta de esa particular experiencia que llamamos lacanoamericana. Seis manos de autores -y no sólo compiladores-, que es metáfora de muchas manos, y que podemos contar con una cifra: escritura con otros.

La lectura que propicia es en tono de conversación, con momentos permitidos de entrecasa, porque hay una confianza armada, necesaria para el lazo entre analistas. Analistas son esas personas en las que más bien convendría poder confiar, ya que trabajan con lo íntimo de cada uno.  

En el proceso de historización de la Reunión Lacanoamericana, se han encontrado -así dicen tres de los 64 autores del libro- con “otra historia” en la historia, que en el acto de escribirse produce otra y posibilita la de cada uno[2]. En ese sentido, es historia de una experiencia, que son múltiples.

Experiencia en la historia institucional, el ejemplo en Lazos, también en la EFLA; experiencia con efectos de trabajo en conjunto entre estas instituciones, y la apertura hacia otras repartidas en el mundo, desde el novedoso lugar de “organizadora” además de convocante.

Experiencia para el psicoanálisis en la ciudad, para su movimiento, los tiempos de la misma. Y los tiempos del discurso psicoanalítico en aquella.   

Y experiencia personal, en la formación de cada uno como analista, implicadas las cuestiones personales, la propia historia. En este caso, aprovecho y les cuento que desde que viví la Lacano como debutante en el 2019 me quedaron unas fuertes ganas de seguir diciendo alguna cosa. Aprovecho la oportunidad, invitado por lo deseoso que transmite este libro Ahí viene Lacan, fecundo en el registro de lo propio enlazado a una experiencia compartida.

En tiempos pre-lacanos, el yo de los iniciantes puede estar plagado de pre-juicios, que se instalan ya sea por esa condición que tiene lo extraño, lo que en un principio funciona como un posible enemigo, porque son otros los que dirigen la organización, los que escriben, por la lejanía, por lo otro ajeno y desconocido que no es aún incorporado. ¿A qué se debe tanto alboroto, de qué se trata? ¿A esta gente, qué le pasa? ¿A qué estamos invitados?

Con aquellos prejuicios e interrogantes el debutante se aproxima. No comprende mucho, se queja de que sean tantos los participantes, de por qué tan caro, se pregunta, desconfía de este “congreso”.   

Las actividades prelacanos no son suficientes aunque sean mil, para acusar el efecto lacano, pero en ellas puede respirarse el clima de enigmático contento en aquellos que ya lo han vivido. Algo llama la atención y a la vez invita: el dispositivo, con su sorteo de horarios y 30 minutos para cada presentación.  

Finalmente llega el día, los pasillos repletos de gente dedicada al psicoanálisis que hablan y que se abrazan. Se elige una sala, ya sea por transferencia con el autor, con el título del trabajo… y el efecto lacano pronto aparece: se escuchan textos, traducidos a otros idiomas, producto de trabajo riguroso y muy cercanos a los interrogantes clínicos. Y luego, rápidamente a otro, como si fuese un curso intensivo de la escucha entre analistas.     

También en esos días, en los intervalos como dice el libro, se siguen produciendo los efectos, el fecundo intercambio. Recuerdo casualmente, como uno entre otros ejemplos que quedarán en mi memoria junto a otras ricas anécdotas, la presentación del libro El malestar en la cultura: 90 años después, de editorial Letraducciones, presentado en La Plata. Otra fiesta en la fiesta, con amigos y colegas de diversas latitudes.

 

Apropiarse de la herencia es entrar en esa experiencia, implicados, la que ya referirá de ahí en más a la propia historia. Recorto unos trazos de Celia Caminos, en su texto “Tramar la cita”: La responsabilidad de tal herencia es que uno es responsable ante lo que precede y ante lo venidero. El heredero estaría así doblemente endeudado… []… será posible anticipar, pero anticipar en nombre de lo que se nos anticipa y desde allí inventar su nombre, pero en nombre del legado, de ser posible. Entonces, un heredero no es solamente alguien que solamente recibe, sino que “escoge” y que se pone a prueba diciendo, así la herencia en un sentido amplio es un texto y, -agrega Celia- por-venir[3].

Para que tal proceso se facilite, puede muy bien escribirse un trabajo a presentar en tal ocasión. Hay un efecto conmovedor, doy fe de ello, en que analistas de largo recorrido vayan a escuchar el trabajo que uno elaboró con tanto esmero y hasta incluso que hagan una pregunta que les sugirió el mismo. También que en los pasillos se acerquen a conversar sobre lo producido, y hasta la contingencia de algún abrazo emotivo.   

Para tal acto, un lugar apropiado es esa Lacano itinerante, organizada pero no burocratizada que termina disolviéndose, donde un trabajo con otros es posible y en el que la reunión es también entre las diferentes generaciones. Donde con un abrazo simbólico se pasa la posta del deseo puesto en el trabajo. Una posta que es a pasar y seguir pasando.

Para concluir, retomo lo de las seis manos de los autores, para acercarnos a la idea de lo artesanal, que parece subsistir en cada Lacano y que está en sus orígenes. Desde aquel comienzo fallido de la desestimada primer Lacano en San Pablo, hasta las remeras con imágenes auspiciando una posible sede, también desestimada, para la organización. Trabajo artesanal que toca lo íntimo y propicia desde ahí la creatividad, y que espero se siga contagiando a las instituciones psicoanalíticas y a los analistas en su hacer.

 

 

 

Patricio Tejeiro



[1] Gómez, Horacio; Marcos, Carlos; Pullol, María Teresita (Compiladores): ¡Ahí viene Lacan!: Relatos para una historia de la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis, Buenos Aires: LETRADUCCIONES, 2021. pág. 11.  

[2] Ibídem. pág. 10.

[3] Caminos, Celia. Tramar la cita, inédito.

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jueves, 13 de enero de 2022

Ese luminoso objeto del deseo. Ricardo Horacio Gómez.

Lacanoamericana, psicoanálisis, publicaciones No hay comentarios

 


 A Freud, ya en el historial de Elisabeth von R., le resultaba singular que sus historiales clínicos, es decir los de su propia escritura, se leyeran como unas novelas breves, en las cuales destacaba el íntimo vínculo entre la historia del padecimiento y el síntoma patológico. Esas histéricas, cuidadoras de enfermos, tan proclives a estados de duelo, sobre todo cuando al final de esos cuidados se producía el encuentro con el correspondiente difunto.

 En la presentación a consulta de una mujer, llamémosle Ana, que entrevisté hace algunos años en un servicio ambulatorio de psicopatología, algo enigmático en relación al deseo se comenzó a dibujar en sus palabras y esto tiene que ver con el título de este trabajo, que intentaré desarrollar en torno al objeto a, o mejor dicho a las formas de presentación del mismo que Lacan plantea que son diversas e implican el soporte del fantasma. ¿Qué de lo que escuchaba me hacía volver una y otra vez al seminario de "La Angustia"? En ese seminario se plantea al Sagrado Corazón de Jesús como una de las formas del objeto a, en la historia de una beata, Margarita Alacoque, actualmente y para su fortuna ya ascendida a Santa. Ahí, Lacan postula al pequeño a, puesto adelante y perfectamente aislado, como el objeto elegido de su deseo. Bucée en la historia de Santa Margarita, no tan popular por cierto como su colega Teresa de Avila, y encuentro que vivió a fines del siglo XVII en Francia. Tuvo cuatro revelaciones y algunas intervenciones sobrenaturales de Cristo. Por ejemplo una vez, viendo ella un cuadro de San Francisco de Sales, le pareció que éste le dirigía una mirada paternalmente amorosa y la llamaba a ser su hija. Durante esas experiencias ella siempre en posición de ver un cuadro o rezando ante el Santísimo Sacramento, que es la hostia, expuesta ante ella en un altar. En una particular revelación Cristo le pidió el corazón, lo tomó y lo puso junto al suyo, es decir que quedaron juntos, y como el de él estaba encendido, el de ella se encendió. Luego él le volvió a colocar el corazón de ella en su lugar, diciéndole que este acto se trataba de una preciosa prenda de su amor por ella.

 Vuelvo ahora a Ana. Se trataba de una mujer de unos 65 años, derivada por médico y psiquiatra por un "trastorno de angustia por duelo", que era el texto original de esa derivación. Había enviudado dos años atrás y había sufrido una histerectomía, que es una extracción de útero, a los 30 años. La angustia se presentaba en el cuerpo, con dolores, pero sobre todo le subía por el pecho y le oprimía la garganta y el cuello. Se había entregado durante muchos años al cuidado del marido enfermo y había hecho la promesa a Dios de dejar a los hombres por él. ¿Qué era él entonces si no entraba en la categoría de los hombres? Una vez durante esos años había tenido lo que ella llamaba un "pánico" y ese día descubrió la imagen del Sagrado Corazón de Jesús que la alivió, particularmente el "ver a Cristo con la hostia en la mano". Después de ese episodio se acercó a una parroquia del barrio a hacer tareas caritativas, además de seguir asistiendo al esposo, que era realmente un hombre con muy pocos títulos en el bolsillo, impotente sexualmente, diabético, que no la tocó durante años, muy apegado a su propia madre.

 En el momento de la consulta Ana había puesto en alquiler un departamento del fondo de su casa y aparecíó en su horizonte un inquilino que la enamoró e hizo que ella se comenzara a interrogar por el deseo. En primer término, la pregunta que se formuló fue: "¿Qué tiene él para tenerme pensando en él todo el tiempo si es feo, petiso, viejo, no sabe hablar?" Se empezaron a encontrar por medio de la comida. Se esperaban para cenar, se hacían compañía, charlaban, pero este hombre también estaba enfermo, ya había algo de la repetición en juego. Había despertado el deseo en ella pero otra vez un hombre la dejaba a "mitad de camino". Pasaban los días y ella esperaba ahora "el milagro, que Dios haga aparecer a otro y me borre al inquilino de la cabeza". Había además empezado a preparar mermeladas y otros productos comestibles que vendía, a ir a algunos bailes, a registrar el ser mirada por otros. Algo seguía despuntando, algo que se iba desplazando, lo pienso desde la pulsión oral, desde la hostia a las cenas con un hombre, de ahí a fabricar productos comestibles. Entonces realiza un sorpresivo acto de devolución de la medicación que le había dado el psiquiatra, lleva la sertralina al consultorio para que "otro la utilice, otro que la necesite más que yo". Guardé eso en un cajón y le dije que estaba de acuerdo, que ella ya estaba en otro momento, que podía disfrutar sin eso. Pudo decir que su casamiento fue un error, que fue influida por su propia madre. Luego de ese vacío por el rechazo del inquilino apareció la duda sobre la existencia de Dios, ella que "daba todo y quedaba ilusionada", y entonces el fantasma oral en juego se desplegó de esta forma: "No hay un hombre protector para mí, no hay de esos, no llegan".  En el pantano de esa decepción vino un día al consultorio con un obsequio en la forma de frasco de mermelada, preparado por sus propias manos para que "la pruebe", que la pruebe a ella es lo que yo leía ahí, regalo que decidí aceptar por el momento transferencial en juego, sin probarla por supuesto, ni a ella ni al producto, pero sí diciéndole en una voz intermedia que ella ya podía probarse en otros lugares, no sólo en la Iglesia ni esperando al hombre del fondo que por otra parte no le había dado señales de amor, sí de compañía, pero era muy probable que ella de a poco se volviera a poner el traje de la enfermera, y esto ya lo había hecho durante treinta años. Afortunadamente una contingencia de la casa hizo que otro hombre la visite y ella le abriera la puerta, más cerca ahora de ese objeto de deseo, no tan luminoso ya. Con él retomó la sexualidad, no sin avergonzarse, con miedo, esa escena que "para Dios no está tan bien", aunque la novedad era que éste era casado. Se estaba acercando a la angustia propia del orgasmo, pienso, porque ella misma pudo diferenciar dos tipos de angustia, la "anterior", (ligada al sacrificio y a un goce masoquista), y otra angustia, que decía así, es "otra angustia", distinta, al recuperar la cama del deseo. La novedad siguiente en este tratamiento fue un miedo a perder a este último hombre que la había hecho "sentir como ningún otro".

 Lacan dice también en el seminario de "La Angustia" que en la angustia propia del orgasmo el deseo está separado del goce por una falla central y destaca que la más patente manifestación de la intervención del objeto a es la angustia. También dice ahí que no somos objetales, es decir objetos del deseo, sino como tripa, como cuerpo, como metáfora de órgano. Trabaja la angustia del agotamiento del pecho como un fantasma oral y a nivel de esa especie, no se confunde el punto de angustia con el lugar de la relación con el objeto del deseo. El punto de angustia está en el nivel del Otro. Habría allí una "separtición", no separación. Una partición en el interior es lo que se produce ahí, es decir que el corte es interno al campo del sujeto.

 En el seminario "De los nombres del padre" nombra la diversidad de formas que asume el objeto de la caída, lo que explica la función del objeto oral, y al ágalma como el objeto al que el sujeto cree que apunta su deseo y en el que se llevaría al extremo el desconocimiento del objeto como causa del deseo.         

 Por otro lado, en "Encore", no está de más recordar que una de las traducciones es "en cuerpo", "en corps", ahí, dice que el Barroco es la historieta de Cristo, y eso quiere decir que relata la historia de un hombre, aunque la empresa sea salvar a Dios, y Cristo vale por su cuerpo, que implica una comunión, una incorporación que es pulsión oral.                         

Entonces, pienso que la apuesta del psicoanálisis es que permite armar la historia de un padecimiento y esto es un más allá de la nosografía psiquiátrica, que puede ser correcta y hasta útil, pero queda a mitad de camino, o a lo sumo llega a leerse como un relato entrecortado. No es sólo el diagnóstico del duelo o la ficha con el pronóstico o la derivación sugerida lo que nos atañe como analistas. Al trastorno de angustia psiquiátrico se le puede sugerir que la angustia guía al analista, pero también la forma y la especie del objeto de la pulsión de cada tramo del análisis. Las especies del objeto no son cronológicas. No hay reconstrucción genética aunque haya niveles oral, anal, fálico, escópico, invocante. También habla Lacan de una "gama" de relaciones de objeto alrededor de la experiencia de la angustia. El objeto a, al menos a la altura del seminario X, no es el objeto del deseo, aquel que buscamos revelar en un análisis, sino su causa. Pero si el a se va anunciando y la angustia se muestra, el deseo está escondido, enmascarado, es ilusorio, porque siempre se dirige a otra parte, y cuanto más se aproxima el hombre a lo que cree que es el objeto de su deseo, más desviado está.

 Los místicos, para Lacan, saben sobre el realismo del deseo, porque saben sobre la fascinación en la función de la mirada. Hay un punto de irradiación en lo escópico que "aparentemente" anula el misterio de la castración y esto es lo que captó Lacan en esta especie del objeto, más allá de Freud. Es a nivel escópico donde el punto de angustia y de deseo coinciden pero no se confunden. Así como Freud injertó en la psiquiatría el recurso del armado de la novela neurótica, Lacan vio en la pintura a esos hombres con aureola, esos hombres mirando desde el cuadro a las histéricas, luminosos, con una cobertura agalmática. Algunas estatuas gozan, nos recordaba Lacan a su paso por los museos. Desde ese espectáculo visual intenté en ese corto tratamiento (no siempre es posible, porque no siempre está tan claro en la clínica), dirigir la cura siguiendo un recorrido objetal, desde un objeto agalmático principalmente visual, a través de la pulsión escópica y oral, hasta algo cercano al deseo por un hombre, cercano ya que siempre algo se escabulle, (éste hombre seguía casado con otra). Es decir el objeto en los tres registros, pero no ya en la línea sacrificial del inicio donde el peligro para esta mujer era quedar encandilada en un pacto imaginario de amor cercano al de una santa medieval. Pienso, ahora que lo puedo pasar a la letra, cinco años después ya que en ese momento no lo había registrado, que el recorrido objetal no anula la vía del significante, sino que a veces indica la dirección más claramente, así como en otras ocasiones la guía principal de la cura es la del significante.   

Texto presentado en la Reunión Lacanoamericana de Buenos Aires, 2013

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miércoles, 17 de noviembre de 2021

Ahi viene Lacan. Relatos para una historia de la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis

Lacanoamericana, letraducciones, psicoanálisis, publicaciones, quecirculelapalabra No hay comentarios

La Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis nace a mediados de los años 80, en el seno de las distintas comunidades e instituciones lacanianas del momento, en el marco de las recuperadas democracias latinoamericanas y con el espíritu de la única visita de Jacques Lacan al territorio. Con el significante con el que Lacan nominara a quienes su presencia no hizo de pantalla, surge como una creación que trazará, en el tiempo, las líneas de un verdadero intercambio de saber y de experiencias, de teoría y de clínica, de producción y transmisión. Hemos tratado de recuperar buena parte de los testimonios, las peripecias y el esmero con que se gestó y se lleva adelante la Lacano, cada dos años en diferentes ciudades de Latinoamérica, para poder pensar y repensar los movimientos en la historia del psicoanálisis en la huella singular de un destino siempre difícil.

Ahí viene Lacan. Relatos para una historia de la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis es el intento de historizar un invento, un descubrimiento, una creación muy querida, en la voz de sus protagonistas.

El 15 de diciembre a las 20 hs presentaremos este nuevo libro, poniendo en acto la modalidad que se juega en la Lacano, 14 presentadores tendrán el mismo tiempo para hablar, dándole la palabra al que sigue.

Ahí viene Lacan. Relatos para una historia de la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis, un libro en transferencia. Un libro lacanoamericano.

Horacio Gómez, Carlos Marcos, María Teresita Pullol.

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viernes, 22 de octubre de 2021

Traducir en Psicoanálisis.(Des)encuentro de las lenguas

(des)encuentro, letraducciones, psicoanálisis, publicaciones No hay comentarios


A un año del (des)encuentro Traducir en Psicoanálisis, del 19 de septiembre de 2020, realizamos esta pública-acción presentando el 25 de septiembre de 2021 el libro que inaugura esta Colección.

La convocatoria en aquel momento del 2020  fue: “(…) juntarnos a conversar sobre la experiencia singular de la traducción en psicoanálisis, en ese (des)encuentro que se produce entre las lenguas, al intentar hacerla posible”. Esa fue la invitación en nuestro flyer, que voló a través de las redes sociales trayendo a quienes llegaron desde diversos lugares del país y del Zoommundo: ¡lectores, psicoanalistas, traductores, curiosos y entusiastas admiradores!

La dinámica transcurrió por la presentación de trabajos intercalándonos entre letraductores e invitados: Claudia Bilotta, Lionel Klimkiewicz y Lucas Petersen aceptaron el convite que les hiciéramos. Un animoso clima se mantuvo en cada una de las seis exposiciones, con entusiasmo, preguntas, debate, que se extendió a lo largo de tres horas. Semejante animosidad nos instó, dedicándonos con vehemencia, a la edición de un libro, objeto que nos causa.

Decidimos publicar los textos comentados en aquella jornada de septiembre, con algunos bonus tracks. Además de los textos presentados, hicimos nuevas invitaciones para que se jugara en el mismo libro la función lectora: Zeila Facci Torezan y Sofía Ruiz participaron como asistentes y aceptaron también traer sus letras a la inaugural publicación de la colección.

Asimismo, no podía faltar la presencia del mencionado Maestro Ricardo Rodríguez Ponte y sus aportes invaluables en materia de traducción y establecimiento de los textos lacanianos, referente ineludible en/de cada una de las exposiciones.  De este modo contamos con su letra honrándonos en este libro, con el amabilísimo permiso de su esposa Hilda Schvarzman. Nuestro agradecimiento y homenaje convergen en la publicación de dos de sus textos sobre la idea misma de la traducción.

En el libro se encontrarán con Claudia Bilotta, relatando la puesta en acto de la carta… (robada, abierta, en souffrence…), Lionel Klimkiewikz aportando su experiencia en la traducción de los manuscritos freudianos, Lucas Petersen narrando la impecable biografía del primer traductor del Ulises de Joyce al castellano. Sofía Ruiz nos acerca la complejísima relación entre las versiones de los textos freudianos y Zeila Facci Torezan nos regala su amorosa iniciación a la lectura.

Con los textos de Letraducciones, tratamos de enmarcar nuestro trabajo: Carlos Marcos comienza introduciendo nuestro quehacer en los márgenes, Horacio Gómez nos trae lo emblemático del caso freudiano y María Teresita Pullol hace su apuesta a lo intraducible. 

El logo del libro abierto que nos trae Ailín Cáceres Pullol traduce visualmente la apertura del espacio editorial, en ese fort–da de las páginas implicando el vaivén de la escritura, cuando algo puede inscribirse.

Traducir y editar desde el equívoco fue la idea que captó Celina Kuschnir en la construcción y traducción visual de la composición de la portada, en la cual se plasma el (des)encuentro de la traducción y el psicoanálisis y los intersticios por donde se cuela la letra.

El sujeto dividido anuncia que siempre habrá algo que resta, y el fracaso de la representación implica una pérdida –una letra que Lacan llamó a–: habrá, entonces, un fracaso de la traducción y un “a” que puede tomar la forma de un libro. De este modo, fracasamos –una vez más– al editar este (des)encuentro de las lenguas, ¡con infinita alegría!.

 

Horacio Gómez - Carlos Marcos - María Teresita Pullol.

Letraducciones

*podés encargar tu libro por whatsapp: +54 11 3627 1910


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miércoles, 28 de abril de 2021

Performance A Partitura Sinthoma.

letraducciones, margemdapalavra, portugués, psicoanálisis No hay comentarios



A Partitura Sinthoma é uma versão do Seminário XXIII de Lacan e, ao mesmo tempo, não é. É o catálogo de uma amostra, de uma performance, e ao mesmo tempo não é. O autor é o próprio Jacques Lacan e às vezes ele não é. Mesmo forçando apenas a idéia, é um livro e não é. Quem ainda não está suficientemente informado sobre os destinos extraordinários dos textos em geral e, em particular, da obra lacaniana, pode se surpreender com essas primeiras linhas.

Ricardo Rodríguez Ponte, psicanalista argentino, traduz para o espanhol, numa versão crítica, minuciosa e comparativa, a transcrição do Seminário Le sinthome de Jacques Lacan, psicanalista francês, dedicado à obra de James Joyce, escritor irlandês. Dora García, artista espanhola, produz um experimento admirável sobre as relações entre palavra, voz, escrita, tradução, imagem, som e dança no Museu Reina Sofia, em Madri, na Espanha, entre os meses de março, abril e maio de 2018, intitulado Segunda vez que é sempre a primeira, uma performance que produz e reproduz o livro A Partitura Sinthoma.

Tentando simplificar este quebra-cabeças fenomenal e da perspectiva da psicanálise, este livro é uma tradução - ou uma pluritradução- do Seminário XXIII para um tumulto sistemático de línguas que compõem uma partitura com a qual interpretar os textos lacanianos a cada vez.

O exercício performativo daqueles meses no Reina Sofia, conjurou o aqui e agora dos leitores com o eterno presente da escrita, ao lado da leitura em voz alta, a narração, a dança, a música, as ilustrações, as fotografias, os espaços, objetos, os sujeitos: um performerimplicado lê fragmentos de uma classe de Le sinthoma, enquanto um segundo executa uma coreografia incomum seguindo os desenhos previamente feitos por García.  A voz recupera o protagonismo que teve no curso dos seminários de Lacan, cujos textos são as versões escritas de suas lições, nas quais sua voz fica sepulta. E com isso seu tom, sua cadência, sua ênfase, seus desmaios, seus silêncios, suas interrupções, sua cor, sua temperatura e sua interação afetiva com um futuro público. Tudo adquire um sentido teatral ou musical.

As partituras são sempre interpretadas depois, porque a interpretação sempre vem "depois" da partitura, mas ao mesmo tempo elas são sempre interpretadas pela "primeira vez" porque cada performance é sempre diferente, outra, a cada vez. Foi assim que Dora García pensou num mecanismo que leitores, releitores e tradutores usam o tempo todo toda vez que pegamos um texto intimamente.

Essa versão do Seminário de Lacan foi realizada ao vivo, em grupo, com performers e performados, de maneira igualmente coletiva e laboriosa, mesclando a leitura com a releitura, e ambas com a escrita; intuição com a formulação e verificação de hipóteses de interpretação; a análise das relações internas entre as diferentes partes do texto com as relações que mantém com outros textos que lhe estão relacionados ou com os quais está ligado; a interpretação com a tradução e assim por diante. Trabalho que também dá a palavra novamente à palavra, porque a fala, a leitura e a narração permitem que todas essas diversas atividades interajam e se conectem umas com as outras no coletivo que as realizou. O texto funciona como uma partitura, e leitura e tradução como interpretação.

Ricardo Rodríguez Ponte, junto com muitos psicanalistas e tradutores, dentro da Escuela Freudiana de Buenos Aires, lidaram generosamente para construir uma comunidade de leitores em torno dos textos de Jacques Lacan, numa teimosa resistência a qualquer tentativa de clarificação definitiva das trevas e os múltiplos meandros de uma obra e sua difusão.

A Partitura Sinthoma é um livro. É uma versão do Seminário XXIII de Lacan sobre a versão crítica: estabelecimento, tradução e notas de Rodríguez Ponte e é o catálogo de uma performance de Dora García que nos convida a "ler" Lacan lendo Joyce, mais uma vez.
                                                   

                                                       Carlos Marcos

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Comentario a La Partitura Sinthoma de...¿Lacan? Una traducción plurilingüe. Carlos Marcos

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                                                        Todo es traducible porque nada lo es.                                                                           (Ricardo Rodríguez Ponte)

La Partitura Sinthoma es una versión del Seminario XXIII de Lacan y a un mismo tiempo no lo es. Es el catálogo de una muestra, de una performance y a la vez no lo es. El autor es el mismísimo Jacques Lacan y por momentos no lo es. Incluso —forzando apenas la idea— es un libro y no lo es. Quién no esté aún lo suficientemente informado acerca de los extraordinarios destinos de los textos en general y en particular de la obra lacaniana bien podría asombrarse de estas primeras líneas.

Ricardo Rodríguez Ponte, psicoanalista argentino, traduce al castellano, en una versión crítica, minuciosa y comparada la transcripción del Seminario Le sinthome de Jacques Lacan, psicoanalista francés, dedicado a la obra de James Joyce, escritor irlandés. Dora García, artista plástica española, produce un admirable experimento sobre las relaciones entre la palabra, la voz, la escritura, la traducción, la imagen, el sonido y la danza en el Museo Reina Sofía de Madrid en España entre los meses de marzo, abril y mayo de 2018, titulado Segunda vez que siempre es la primera, una performance que produce y reproduce el libro Partitura el sinthoma.

Tratando de simplificar este fenomenal rompecabezas y desde la perspectiva del psicoanálisis,este libro es una traducción —o una pluritraducción— del Seminario XXIII a un tumulto sistemático de lenguajes que conforman una partitura con la que interpretar los textos lacanianos cada vez.

El ejercicio performático de esos meses en el Reina Sofía conjuró el aquí y ahora de los lectores con el presente eterno de la escritura, junto a la lectura en voz alta, la narración, la danza, la música, las ilustraciones, las fotografías, los espacios, los objetos, los sujetos: Un performerimplicado lee fragmentos de una clase de Le sinthome, mientras tanto un segundo ejecuta una insólita coreografía siguiendo los dibujos hechos previamente por García. La voz recupera el protagonismo que tuvo en el curso de los seminarios de Lacan cuyos textos son las versiones escritas de sus lecciones, en los que su voz queda sepultada. Y con ella su tono, su cadencia, sus énfasis, sus desmayos, sus silencios, sus interrupciones, su color, su temperatura y su interacción afectiva con un auditorio futuro. Todo adquiere así un sentido teatral o musical.

Las partituras siempre se interpretan más tarde, porque la interpretación siempre viene “después”de la partitura, pero al mismo tiempo se interpretan siempre por “primera vez” porque cada interpretación es siempre distinta, otra, cada vez. Así es como lo ha pensado Dora García en un mecanismo que los lectores, relectores y traductores utilizamos todo el tiempo cada vez que tomamos íntimamente un texto.

Esta versión de ese Seminariode Lacan se realizó en vivo, en grupo, con performers y performados, en forma igualmente colectiva y laboriosa, mezclando la lectura con la relectura, y ambas a su vez con la escritura; la intuición con la formulación y la comprobación de hipótesis de interpretación; el análisis de las relaciones internas entre las distintas partes del texto con el de las relaciones que

mantiene con otros textos que le son afines o con los que está conectado; la interpretación con la traducción etcétera. Trabajo que además le da de nuevo la palabra a la palabra, por cuanto el habla, la lectura y la narración permiten que todas estas actividades diversas interactúen y se conecten entre sí en el colectivo que las llevó a cabo. El texto funciona como partitura y la lectura y la traducción como interpretación.

Ricardo Rodríguez Ponte, junto a muchísimos psicoanalistas y traductores, en el seno de la  Escuela Freudiana de Buenos Aires, bregaron generosamente por construir una comunidad de lectores en torno a los textos de Jacques Lacan, en una terca resistencia a todo intento de aclaración definitiva de las oscuridades y los múltiples meandros de una obra y su difusión.

La Partitura Sinthoma es un libro. Es una versión del Seminario XXIII de Lacan sobre la versión crítica: establecimiento, traducción y notas de Rodríguez Ponte y es el catálogo de una performance de Dora García que nos invitan a “leer” a Lacan leyendo a Joyce, una vez más.

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domingo, 10 de enero de 2021

La traducción: cómo se lee a Lacan y cómo se lee en Psicoanálisis. Claudia Bilotta.

(des)encuentro, letraducciones, psicoanálisis No hay comentarios

 

LA TRADUCCIÓN: CÓMO SE LEE A LACAN

Y CÓMO SE LEE EN PSICOANÁLISIS [1]

 







Invitación

Entre otras razones, acepté la invitación porque sí tengo algo para decir respecto del asunto de la traducción en psicoanálisis, es desde el lugar de invitada que podría articularlo. Como invitada entonces, traje para compartir con ustedes una experiencia y una idea.

 La experiencia

Hace ya una considerable cantidad de años, le contaba a quien era mi analista, cómo se había presentado para mí la lectura de Lacan en francés. Entenderán que si lo contaba en tales circunstancias, era porque que lo suponía un problema. No se trataba de una posición respecto de las versiones oficiales sino de algo, que, sin proponérmelo, había resultado como una especie de método a la hora de leer. Me era necesario, antes de abordar el texto en su contenido, hacer un recorrido por su forma. Entonces, luego de buscar las palabras y expresiones desconocidas —no siempre con éxito— me dedicaba a componer antes que, a comprender, a tratar de inteligir la estructura de las frases antes que a captar aquello que decían. De alguna manera, leyendo en francés, me era más soportable, incluso era un hecho casi natural, no comprender en las primeras lecturas. Así, me había acostumbrado a leer las versiones francesas disponibles de los Seminarios, y también a entender, cuando lo conseguía, de a poco. Tal vez por eso, había sido más bien escaso mi contacto con las versiones que de esos textos, había hecho mi analista.

En el curso de esas sesiones fui invitada por Ricardo Rodríguez Ponte, mi analista de entonces, a realizar algunas traducciones. Traducciones que más que “en colaboración”, bien pueden llamarse “en transferencia”.

 

La tesis

La idea que anuncié en los primeros renglones, es ahora la tesis que pongo a consideración de ustedes. Y por ese movimiento, devino tesis: tal vez encuentre en la discusión, en el intercambio de hoy, las objeciones que le permitan avanzar.

Para comenzar a desarrollarla voy a valerme del cuento La carta robada de Edgar Allan Poe. Para los lectores de Lacan no es un cuento más: es el que brinda su nombre al trabajo que encabeza sus Escritos. Esa serie de artículos se ordena en forma cronológica, pero el lugar del Seminario sobre la Carta robada[2], no sigue ese ordenamiento, lo rompe. Tal vez este lugar, tenga algo que ver con que Lacan llamara a sus Escritos: “cartas abiertas”.

El cuento comienza así: “En un desapacible anochecer del otoño de 18… me hallaba en París, gozando de la doble fruición de la meditación taciturna y del nebuloso tabaco, en compañía la de mi amigo C. Auguste Dupin, en su biblioteca (…)”[3]

Comienza así, decía recién, y ahora agrego, comienza así en la versión de Borges. Como ya saben seguramente, hay también una versión de Cortázar, en ella leemos: “Me hallaba en París en el otoño de 18… Una noche, después de una tarde ventosa, gozaba del doble placer de la meditación y de una pipa de espuma de mar, en compañía de mi amigo C. Auguste Dupin, en su pequeña biblioteca o gabinete de estudios (…)”[4]

Las diferencias entre una traducción y la otra, no son más que sutilezas que vuelven reconocible la pluma del traductor detrás de ellas. Borges, Cortázar; cada uno sostiene con el idioma propio y con el idioma inglés, con el texto y su autor, con la literatura y con el público al que dirigen una relación diferente, de modo que la idea de que parten del mismo original, vacila, aunque por supuesto, el cuento que traducen, es el mismo.

Ese cuento tiene también una versión francesa, la versión de Baudelaire. La relación de Baudelaire y Poe, está documentada en la correspondencia del escritor francés. Leemos en la carta que le dirige al crítico de arte Théophile Thoré: “¿Sabe por qué he traducido pacientemente a Poe? Porque era igual a mí. La primera vez que abrí su libro he visto con espanto y arrebato, no sólo los argumentos soñados por mí, sino las frases pensadas por mí y escritas por él veinte años antes.” [5]

Aún capturado por el espejismo de la identidad entre sus pensamientos y los de Poe, Baudelaire deja una pequeña hendija por la que podemos formular una pregunta: Poe escribía en inglés, pero ¿en qué idioma pensaba Baudelaire? Cuentan sus biógrafos que fue su madre, hija de emigrantes franceses a Londres, quien le enseñó el inglés. Sin embargo, el dato resulta escaso para suponerlo pensando en inglés y no en francés.

Esta diferencia tampoco fue captada por los críticos literarios que señalaban a Baudeleaire como un imitador de Poe, al punto de acusarlo de extraer de él su poesía.

¿Es posible pensar “lo mismo” en inglés, francés, alemán o español? Creo que la pregunta ciñe bastante bien un problema relativo a la traducción, y también al psicoanálisis.

En el curso del Seminario Sobre la carta robada, Lacan objeta la traducción de Baudelaire. Para ser más precisa, objeta la traducción de “pulroneid” como “voleé”. Traduciendo así, dice Lacan, Baudelaire traiciona a Poe. Lacan propone en su lugar “en souffrence”. Me veo en el aprieto de tener que proponerles algún término para pasar esa expresión a nuestra lengua (¡aquí rodeada de traductores!) Bien, “en souffrence” admitiría pasar como “pendiente”, “en suspenso”, tal vez “atrasada”, pero notemos que cualquiera sea la elección, perdemos el sufrimiento que asoma en francés. Si optáramos por la literalidad de “en sufrimiento” se perdería bastante de lo que está en juego, y de paso, volvemos a Lacan un poquito extravagante para el lector en nuestra lengua. Dicho de otro modo, se perdería algo del “doble placer” del que venía hablando Poe en su cuento. Recordemos que se trata de una carta que si bien, finalmente llega a destino, hace en el cuento un recorrido generoso a la hora de procurar momentos de tensión en la historia. Se trata de una carta que vale más por la forma de sus desplazamientos, que por su contenido, que además, en ningún momento es revelado.

“En souffrance” proviene de la lectura que Lacan hace del cuento, lo extrae del texto, aunque no está escrito en él. “En souffrance” proviene de los desplazamientos de la carta, de su pasaje de mano en mano, pero esta expresión no está escrita en las palabras del cuento. No está escrita y sin embargo, Lacan la lee.

En el curso del Seminario sobre La ética del psiconálisis, Lacan traductor se mantiene mucho más cerca de las palabras del texto que lee, en esta ocasión, es el Proyecto de una psicología para neurólogos de Freud. En las sesiones que dedica a das Ding, nos pone al corriente, respecto de la dificultad del pasaje de “sache” y “ding” del alemán al francés. Ambos, se traducirían como “chose”. En español ocurre otro tanto, pasarían, ambos, como “cosa”. Deslinda, sin embargo, muy claramente ambos términos, “sache” se articula a la representación; en cambio, das Ding permanece irreductible, extranjera, tanto que pasa al texto francés en alemán. Hoy, en nuestro medio, hablamos de representaciones-cosa, y de das Ding. Una vez más la propuesta, en este caso, la no traducción de das Ding, se despeja de la lectura de Lacan. Ahora, Lacan no traduce pero lee, o mejor dicho; porque lee, no traduce.

Lacan vuelve sobre La carta robada en el curso del Seminario De un discurso que no sería (del) semblante. Esta vez me detengo no en el cuento, sino en el título del Seminario. En la versión de Ricardo Rodríguez Ponte es el que acabo de leer, mientras que en la de Paidós, el título del seminario es: De un discurso que no fuera del semblante.

Como en el cuento de Poe, las diferencias entre uno y otro, son sutiles. Aunque me resulta más difícil explicarlas como marcas de la pluma del traductor porque entiendo que en esas sutilezas se juega algo más que un asunto de estilo, aunque el asunto del estilo no esté ausente. Las sutilezas, la del uso del paréntesis y la de los tiempos del verbo, se apoyan en dos lecturas diferentes, en dos modos diferentes de tratar los problemas que ofrece el texto en cuestión.

Ricardo Rodríguez Ponte, escribe “(del)”. En el prefacio de su “Versión crítica” se encontraría, según nos informa una nota al pie de la primera sesión, la justificación del uso de esos paréntesis. Pero ese prefacio no está disponible. En las fuentes francesas que consulté, no aparecen los paréntesis. Tampoco en una foto (que entiendo, que espero no esté intervenida) en la que se lo ve a Lacan delante del pizarrón, luego de haber escrito allí el título del Seminario.

¿De dónde salen entonces esos paréntesis? Creo que se apoyan justamente en lo que Lacan desarrolla en el Seminario. O mejor, se apoyan en la lectura que Ricardo hace del Seminario. A través de los paréntesis advienen dos modos de leer el título: “De un discurso que no sería del semblante”, y “De un discurso que no sería semblante”.

En cuanto a los tiempos del verbo, Ricardo Rodríguez Ponte sostiene la literalidad del “sería” mientras que, en la versión de Paidós, aparece “fuera”.

“Sería” corresponde al condicional simple indicativo y expresa acciones o situaciones hipotéticas.

“Fuera” corresponde al pretérito imperfecto del subjuntivo. Usualmente se lo encuentra en oraciones exclamativas que expresan un anhelo que no puede realizarse.

Con la elección del verbo, en un título se pone en juego una hipótesis, en el otro un anhelo irrealizable, y en ambos, una lectura de lo que está en juego en el Seminario.

Es decir, y aquí la tesis que vine tratando de argumentar: el traductor lee. Obviar este asunto nos haría caer en un espejismo similar al de Baudelaire. Además, tratándose de psicoanálisis, estamos medianamente advertidos que el origen, aunque aquí se trate del texto original, está si no perdido, al menos complicado. Recordemos, además, que, en el caso de los Seminarios de Lacan, se trata del pasaje de lo oral al escrito. Estamos también advertidos que, en caso que hubiera alguna verdad, no sería la de la oposición verdad-falsedad, sino de la que se devele en la lectura de un texto. En la lista de advertencias, podemos agregar la del mal entendido.

Entonces, el asunto de la traducción en psicoanálisis en general, y de la traducción de los textos de Lacan en particular, nos vuelve sobre el asunto de cómo se lo lee. De cómo se lee a Lacan y de cómo se lee en psicoanálisis. Hacer del texto de Lacan un texto asequible a un público extenso; suavizarlo, volverlo comprensible, podría ser una opción.

En mi caso, tal vez por aquellas primeras lecturas en francés, prefiero las traducciones que permiten seguir las dificultades del texto, sus tensiones. Aquellas que con las herramientas de la lengua propia reconstruyen los problemas del texto. Es decir, las versiones que consideran que de nuestra posición como lectores, somos siempre responsables y por eso, dejan espacio para que un lector aparezca, sin sustraerle la parte que le toca en el “doble placer.”

Para terminar, si traducir es leer, y si leer implica una posición, la traducción en psicoanálisis es un asunto relativo a su política, relativa al modo de hacer que sus textos circulen, relativa al modo de hacer para que las “cartas abiertas”, las cartas “en souffrence” lleguen a destino.



[1] Texto leído en el (Des)encuentro de Letraducciones por Zoom en pandemia. Junto a Teresita Pullol, Carlos Marcos, Horacio Gómez, Lionel Klimkiewicz y Lucas Petersen. Sábado 19 de septiembre 2020.

[2] cf. Jacques Lacan. El seminario sobre La carta robada. En: Escritos I. Buenos Aires: Siglo XXI editores, 1988. pág. 5-55.

[3] Edgar Allan Poe. La carta robada. Madrid: Siruela, 1985. Traducción de Jorge Luis Borges. También pueden consultarse las versiones de Julio Cortázar, Alejandro Jockl, J. Farrán y Mayoral y Joseph Club, entre otras. Disponibles en: http://lamaquinadeltiempo.com

[4] Edgar Allan Poe. La carta robada. Madrid: Alianza, 1998.

[5] Charles Baudelaire. Il vulcano malato. Roma: Fazi Editore, 2007, p. 331

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lunes, 4 de enero de 2021

Marginalia. Carlos Marcos

letraducciones, malestar, psicoanálisis No hay comentarios



Desgrabación de la presentación y bienvenida al (Des)encuentro de Letraducciones por Zoom en pandemia. Junto a Teresita Pullol, Claudia Bilotta, Horacio Gómez, Lionel Klimkiewicz y Lucas Petersen. Sábado 19 de septiembre 2020.

Tendrán que disculparme un poco, un poco apenas nada más, porque en estas actividades suelo estar una octava más arriba o un poco, como decirlo, innecesariamente histriónico… y para algunas personas se transforma en un obstáculo y/o al ser el primero de la filita seré quien marque el tono del encuentro. Tono que decididamente trata de no ser ceremonioso pero que no invalida la seriedad y la rigurosidad en nuestra labor. Tendrán que disculparme por esta cosa, más bien vehemente y juguetona, pero se debe a la pasión que le ponemos a nuestro trabajo y a lo mucho que nos gusta la tarea que llevamos adelante.

Con Teresita Pullol y Horacio Gómez concebimos Letraducciones como un espacio de trabajo, de estudio, de intercambio y colaboración en la edición de textos y en el pasaje de y hacia diferentes lenguas. En nuestro blog pueden chusmear un poco de lo que vamos haciendo (letraduccionesweb.blogspot.com.ar). El año pasado editamos dos libros: El malestar en la cultura… 90 años después y Clínica del Cartel y este año estamos trabajando sobre la idea de historizar la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis, entrevistando a los fundadores, a los pioneros y a distintos actores que la llevan adelante desde mediados de los 80’s… como dispositivo aún vigente de la producción del psicoanálisis en latinoamerica y el cruce de lenguas.

Con respecto al (Des)encuentro de hoy, no voy a decir mucho, porque se tratará –o eso esperamos– de soportar los maravillosos desencuentros que permiten el encuentro... el de las lenguas, el de la escritura, el de la lectura, el del psicoanálisis, el de la virtualidad y -por qué no- el de la pandemia,

Con mi generación hemos aprendido mucho de la película Terminator, protagonizada por Arnold Schwarzenegger y Linda Hamilton, dirigida por James Cameron y Michael Biehn, basada en el cuento El soldado del mañana de Harlan Ellison. Aprendimos, en primera instancia que: “Una tormenta se avecina…”, siempre. Que la humanidad no tiene remedio y estamos destinados a la destrucción. Pero, (Des)encuentros como este, me hacen pensar que estamos mal… pero no tan mal. Creo que si un sábado por la mañana estamos reunidos para estos menesteres aún hay esperanzas y podemos ejercitar la Sarah Connor que todos llevamos dentro. Aunque la tormenta que se avecina sea irremediable. Bienvenidos TODOS y muchas gracias por acompañarnos.

Hace algunos años tuve la fortuna de entrevistar a Ralph Barby. ¿Quién es Ralph Barby se preguntarán Uds? Ralph Barby es un escritor de pequeñas novelitas populares que fueron un suceso en su época, conocidas en la Argentina, de la mano de editoriales como Bruguera, como “bolsilibros”, también llamada literatura pulp, libros de a duro, libros de bolsillo, etc… pequeñas novelas de literatura popular impresas en octavo, en papel periódico a precios también populares. Ralph Barby, junto a Lou Carrigan y Silver Kain se ocupaban de los policiales, los westerns, del terror y la ciencia ficción, mientras que autores como Corín Tellado escribían las novelitas románticas. La premisa de la posguerra era vender un poco de distracción al menor costo posible.

La cuestión es que Ralph Barby escribió más de mil novelas donde más o menos ocurría siempre lo mismo. Por ejemplo, en el lejano oeste el protagonista conocía al amor de su vida, venían los pieles rojas y la secuestraban, el héroe luego de algunas peripecias lograba rescatarla y terminaban casándose. Triunfaba el amor, siempre. En otra novela, la misma acción se repetía en el espacio y quizás la amada la secuestraba un extraterrestre. Si la acción ocurría durante la segunda guerra, los nazis eran los secuestradores, si ocurría en una casa embrujada… seguramente el secuestrador podía ser el monstruo de turno. Final feliz, triunfo del amor y casamiento siempre.

El dato interesante que contaba Barby es que, como al comienzo estaban de moda los westerns americanos y los números no cerraban para pagar las traducciones, crearon una estrategia bastante extraña, americanizaron los textos, colocando frases que un español jamás pronunciaría y americanizaron, sobre todo, sus nombres, de ahí es que comienza a utilizar el Ralph Barby, porque su verdadero nombre es Rafael Barberán… de ahí en más firma sus novelas de ese modo y adopta su nombre de fantasía. Y en los inicios colocaban sus verdaderos nombres como responsables de la falsa traducción. El autor era Ralph Barby y el supuesto traductor de la última novela de moda en EEUU era Rafael Barberán.

A los bibliotecarios no nos asustan estas cosas, es más, nos encantan. En estos “huecos”, permítanme llamarlos así… huequitos… residen las otras responsabilidades de autor.  Los traductores, los editores y los lectores atentos, habitamos estos huecos y le damos vida a los textos.

Pueden leer la conferencia de Foucault ¿Qué es un autor?, que cita Lacan y que muestra algo que los bibliotecarios ya sabíamos. Muestra que la figura del autor es un invento moderno. En estas hendeduras surge la vida, el aire de un texto: en la cita, en la nota al pie, en la contratapa, en la tapa, en la solapa, en los créditos, prólogos, postfacios, notas al final, en las referencias y en los anexos… en aquello que alguna vez se llamó “Marginalia”… todo aquello que ocurre en los márgenes y nos reúne como lectores.

Para los bibliotecarios es habitual tener en cuenta esas “otras” responsabilidades de autoría, es parte del trabajo. Porque hacen al texto y hacen al avance en la historia de las ideas. En la cita es donde se dan cita los lectores.

Antiguamente era más importante un traductor, un copista —y hasta el imprentero— que el mismo escritor. Vestigio de eso lo tenemos en algunos nombres de letras en la computadora: Gianbattista Bodoni, Claude Garamond y el mismo Johannes Gutemberg, tipógrafos, linotipistas, imprenteros, eran personajes de una amplia cultura, funcionaban como los correctores, editores y traductores de la época. Habitaban y aún habitan esos márgenes, esos huecos.

En el ámbito lacaniano tenemos, por ejemplo, a Ricardo Rodríguez Ponte con sus versiones críticas de los Seminarios de Lacan y muchos de sus textos. Comparando, estableciendo, traduciendo y anotando en infinitas notas al pie… todo un trabajo de marginalia que nos permite una lectura enriquecida de la obra de Lacan. Desde esa “marginalia” el nombre de Ricardo ha ido creciendo… hasta tal punto que existen versiones que no son de él pero que les han agregado la leyenda “Ricardo Rodríguez Ponte” y/o “Escuela Freudiana de Buenos Aire”, como una especie de certificado de calidad. Ya que estamos, lo mismo le ocurría a Gutemberg… muchos imprenteros agregaban su nombre, incluso sin autorización, para demostrar algún prestigio.

De entre los habitantes de estos huequitos… tuve la oportunidad de compartir una cena con Antonio Molina Foix… ¿Quién es Antonio Molina Foix dirán Uds.? Es un ensayista y traductor que fue invitado por la Biblioteca Nacional Argentina, cuando se llevaban adelante los encuentros de literatura fantástica en Buenos Aires. Terminamos comiendo una pizza en el centro porteño. Molina Foix y Torres Oliver son quienes se ocuparon, en los años setentas, de la traducción y la normalización de la obra de Lovecraft. Antonio, contaba con orgullo que la traducción del término FREAK castellanizándolo como  FREKY… era obra de él. Y cómo, a lo largo de los años, había pasado al habla popular. Ahora todos utilizamos el “freky” como algo muy normal.

En el ámbito lacaniano también tenemos hallazgos por el estilo. Hay uno que creo se lo debemos a Irene Agoff… y es el famoso “va de suyo”. No hay jornada, o clase, o intervención de algún psicoanalista lacaniano donde no se escuche un “Va de suyo”… Irene tradujo dos seminarios de Lacan para la EFBA y participó de la traducción de otro para la editorial Paidós. Creo que ella no lo sabe, pero para una expresión de Lacan muy particular: aller de soi, utilizó esto que ahora es un arcaísmo, ya no se utiliza mucho… y podría haber utilizado: es obvio, cae de maduro, cae por su propio peso, es inherente, etc… pero no hubiese sido lo mismo.

Hay algo allí que pescan, estos habitantes de los márgenes, cuando se topan con algo parecido a lo intraducible que a veces se transforma en un acierto… y muchas veces sin saberlo. Los traductores son los dueños secretos de las diferencias y las afinidades de las lenguas.

Yo lo homologo a lo que ocurre con los libros en una biblioteca… cuando aparece lo que llamamos lo inclasificable… algo que no entra muy bien en categorías. Es decir, lo podría graficar así: encontrar un zapato en un placard es habitual, o un sachet de leche en la heladera también lo es, pero, si abrimos la heladera y hallamos un zapato dentro: estamos en problemas o estamos obligados a pensar, mínimamente, como llegó eso ahí.

Clasificar es pensar, pensar en categorías, claro. Lo hacemos todos, a cualquier edad, sin distinción de sexo, a diario y constantemente. Clasificar es pensar y pensar es clasificar… es traducir, es interpretar: leer en definitiva… pero hay un cierto límite en esto. Cuando la clasificación nos ahorra la tarea de pensar, ya no clasificamos ni pensamos, el sujeto queda cautivo de un sistema vacío, alienado, perdido.

Clasificar es pensar y pensar es leer. Cuando comenzamos a diseñar el flyer y fuimos pidiendo o armando las referencias de nuestros invitados, Irene se había autoimpuesto el título de “Lectora”, había elegido presentarse de esa manera… y yo copiándome de ella dije: “Yo también soy lector”, porque todos somos lectores, luego inevitablemente nos recayeron los títulos, pero todos somos lectores: Los lectores son lectores, los lectores atentos son lectores, los escritores son lectores, los psicoanalistas son lectores, los traductores, los editores, los bibliotecarios somos lectores.

Nosotros, los habitantes de estos márgenes somos lectores, lectores privilegiados, porque quizás, desde una posición tercera del huequito donde encarnamos esa “marginalia”: nos hacemos un huequito, habitamos ese huequito y formamos una gran comunidad de lectores.

¡Muchas gracias y bienvenidos!

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Entradas antiguas Inicio
Habitando el sentimiento lingüístico nombrado en El malestar en la cultura, nos adentramos en los instersticios de la traducción EN psicoanálisis, intentando real-izar el pasaje de una lengua a otra, en transferencia con la obra de Freud y Lacan. Nuestro trabajo transita la experiencia del (des)encuentro de las lenguas Traducción visual: animación de Nico Mobi; música original Pengy SoundCloud

Freud en cuarentena. Traducción visual en mayo 2020.

"En las vacaciones de 189...emprendí una excursión por la montaña,con el propósito de olvidar durante algún tiempo la medicina, y especialmente las neurosis..." Así comienza Freud su relato del caso Catalina, y leemos la transferencia en la montaña. En la pandemia de 2020... podríamos comenzar el relato hoy, la montaña y el afuera detrás de la ventana, más que nunca, pero la transferencia, siempre, instalándose. Por esta traducción visual agradecemos la animación de Nico Mobi y la música original de Pengy SoundCloud

6 DE MAYO DE 2020

En el atípico año 2020 celebramos el nacimiento de Sigmund Freud. Esta vez, una traducción visual fue posible gracias a la animación de Nico Mobi, su cámara y su disposición.
"Mi teoría de la traducción, en abstracto, es: “Todo es traducible porque nada lo es”. En ese punto, me siento borgiano. Los idiomas son inconmensurables. Eso es lo ideal. Dos idiomas son dos modos de concebir el universo" (Ricardo Rodriguez Ponte, Lapsus Calami N4)

APENAS PENSA ARNALDO ANTUNES

Soy un artista de las palabras...

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