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lunes, 4 de enero de 2021

Marginalia. Carlos Marcos

letraducciones, malestar, psicoanálisis No hay comentarios



Desgrabación de la presentación y bienvenida al (Des)encuentro de Letraducciones por Zoom en pandemia. Junto a Teresita Pullol, Claudia Bilotta, Horacio Gómez, Lionel Klimkiewicz y Lucas Petersen. Sábado 19 de septiembre 2020.

Tendrán que disculparme un poco, un poco apenas nada más, porque en estas actividades suelo estar una octava más arriba o un poco, como decirlo, innecesariamente histriónico… y para algunas personas se transforma en un obstáculo y/o al ser el primero de la filita seré quien marque el tono del encuentro. Tono que decididamente trata de no ser ceremonioso pero que no invalida la seriedad y la rigurosidad en nuestra labor. Tendrán que disculparme por esta cosa, más bien vehemente y juguetona, pero se debe a la pasión que le ponemos a nuestro trabajo y a lo mucho que nos gusta la tarea que llevamos adelante.

Con Teresita Pullol y Horacio Gómez concebimos Letraducciones como un espacio de trabajo, de estudio, de intercambio y colaboración en la edición de textos y en el pasaje de y hacia diferentes lenguas. En nuestro blog pueden chusmear un poco de lo que vamos haciendo (letraduccionesweb.blogspot.com.ar). El año pasado editamos dos libros: El malestar en la cultura… 90 años después y Clínica del Cartel y este año estamos trabajando sobre la idea de historizar la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis, entrevistando a los fundadores, a los pioneros y a distintos actores que la llevan adelante desde mediados de los 80’s… como dispositivo aún vigente de la producción del psicoanálisis en latinoamerica y el cruce de lenguas.

Con respecto al (Des)encuentro de hoy, no voy a decir mucho, porque se tratará –o eso esperamos– de soportar los maravillosos desencuentros que permiten el encuentro... el de las lenguas, el de la escritura, el de la lectura, el del psicoanálisis, el de la virtualidad y -por qué no- el de la pandemia,

Con mi generación hemos aprendido mucho de la película Terminator, protagonizada por Arnold Schwarzenegger y Linda Hamilton, dirigida por James Cameron y Michael Biehn, basada en el cuento El soldado del mañana de Harlan Ellison. Aprendimos, en primera instancia que: “Una tormenta se avecina…”, siempre. Que la humanidad no tiene remedio y estamos destinados a la destrucción. Pero, (Des)encuentros como este, me hacen pensar que estamos mal… pero no tan mal. Creo que si un sábado por la mañana estamos reunidos para estos menesteres aún hay esperanzas y podemos ejercitar la Sarah Connor que todos llevamos dentro. Aunque la tormenta que se avecina sea irremediable. Bienvenidos TODOS y muchas gracias por acompañarnos.

Hace algunos años tuve la fortuna de entrevistar a Ralph Barby. ¿Quién es Ralph Barby se preguntarán Uds? Ralph Barby es un escritor de pequeñas novelitas populares que fueron un suceso en su época, conocidas en la Argentina, de la mano de editoriales como Bruguera, como “bolsilibros”, también llamada literatura pulp, libros de a duro, libros de bolsillo, etc… pequeñas novelas de literatura popular impresas en octavo, en papel periódico a precios también populares. Ralph Barby, junto a Lou Carrigan y Silver Kain se ocupaban de los policiales, los westerns, del terror y la ciencia ficción, mientras que autores como Corín Tellado escribían las novelitas románticas. La premisa de la posguerra era vender un poco de distracción al menor costo posible.

La cuestión es que Ralph Barby escribió más de mil novelas donde más o menos ocurría siempre lo mismo. Por ejemplo, en el lejano oeste el protagonista conocía al amor de su vida, venían los pieles rojas y la secuestraban, el héroe luego de algunas peripecias lograba rescatarla y terminaban casándose. Triunfaba el amor, siempre. En otra novela, la misma acción se repetía en el espacio y quizás la amada la secuestraba un extraterrestre. Si la acción ocurría durante la segunda guerra, los nazis eran los secuestradores, si ocurría en una casa embrujada… seguramente el secuestrador podía ser el monstruo de turno. Final feliz, triunfo del amor y casamiento siempre.

El dato interesante que contaba Barby es que, como al comienzo estaban de moda los westerns americanos y los números no cerraban para pagar las traducciones, crearon una estrategia bastante extraña, americanizaron los textos, colocando frases que un español jamás pronunciaría y americanizaron, sobre todo, sus nombres, de ahí es que comienza a utilizar el Ralph Barby, porque su verdadero nombre es Rafael Barberán… de ahí en más firma sus novelas de ese modo y adopta su nombre de fantasía. Y en los inicios colocaban sus verdaderos nombres como responsables de la falsa traducción. El autor era Ralph Barby y el supuesto traductor de la última novela de moda en EEUU era Rafael Barberán.

A los bibliotecarios no nos asustan estas cosas, es más, nos encantan. En estos “huecos”, permítanme llamarlos así… huequitos… residen las otras responsabilidades de autor.  Los traductores, los editores y los lectores atentos, habitamos estos huecos y le damos vida a los textos.

Pueden leer la conferencia de Foucault ¿Qué es un autor?, que cita Lacan y que muestra algo que los bibliotecarios ya sabíamos. Muestra que la figura del autor es un invento moderno. En estas hendeduras surge la vida, el aire de un texto: en la cita, en la nota al pie, en la contratapa, en la tapa, en la solapa, en los créditos, prólogos, postfacios, notas al final, en las referencias y en los anexos… en aquello que alguna vez se llamó “Marginalia”… todo aquello que ocurre en los márgenes y nos reúne como lectores.

Para los bibliotecarios es habitual tener en cuenta esas “otras” responsabilidades de autoría, es parte del trabajo. Porque hacen al texto y hacen al avance en la historia de las ideas. En la cita es donde se dan cita los lectores.

Antiguamente era más importante un traductor, un copista —y hasta el imprentero— que el mismo escritor. Vestigio de eso lo tenemos en algunos nombres de letras en la computadora: Gianbattista Bodoni, Claude Garamond y el mismo Johannes Gutemberg, tipógrafos, linotipistas, imprenteros, eran personajes de una amplia cultura, funcionaban como los correctores, editores y traductores de la época. Habitaban y aún habitan esos márgenes, esos huecos.

En el ámbito lacaniano tenemos, por ejemplo, a Ricardo Rodríguez Ponte con sus versiones críticas de los Seminarios de Lacan y muchos de sus textos. Comparando, estableciendo, traduciendo y anotando en infinitas notas al pie… todo un trabajo de marginalia que nos permite una lectura enriquecida de la obra de Lacan. Desde esa “marginalia” el nombre de Ricardo ha ido creciendo… hasta tal punto que existen versiones que no son de él pero que les han agregado la leyenda “Ricardo Rodríguez Ponte” y/o “Escuela Freudiana de Buenos Aire”, como una especie de certificado de calidad. Ya que estamos, lo mismo le ocurría a Gutemberg… muchos imprenteros agregaban su nombre, incluso sin autorización, para demostrar algún prestigio.

De entre los habitantes de estos huequitos… tuve la oportunidad de compartir una cena con Antonio Molina Foix… ¿Quién es Antonio Molina Foix dirán Uds.? Es un ensayista y traductor que fue invitado por la Biblioteca Nacional Argentina, cuando se llevaban adelante los encuentros de literatura fantástica en Buenos Aires. Terminamos comiendo una pizza en el centro porteño. Molina Foix y Torres Oliver son quienes se ocuparon, en los años setentas, de la traducción y la normalización de la obra de Lovecraft. Antonio, contaba con orgullo que la traducción del término FREAK castellanizándolo como  FREKY… era obra de él. Y cómo, a lo largo de los años, había pasado al habla popular. Ahora todos utilizamos el “freky” como algo muy normal.

En el ámbito lacaniano también tenemos hallazgos por el estilo. Hay uno que creo se lo debemos a Irene Agoff… y es el famoso “va de suyo”. No hay jornada, o clase, o intervención de algún psicoanalista lacaniano donde no se escuche un “Va de suyo”… Irene tradujo dos seminarios de Lacan para la EFBA y participó de la traducción de otro para la editorial Paidós. Creo que ella no lo sabe, pero para una expresión de Lacan muy particular: aller de soi, utilizó esto que ahora es un arcaísmo, ya no se utiliza mucho… y podría haber utilizado: es obvio, cae de maduro, cae por su propio peso, es inherente, etc… pero no hubiese sido lo mismo.

Hay algo allí que pescan, estos habitantes de los márgenes, cuando se topan con algo parecido a lo intraducible que a veces se transforma en un acierto… y muchas veces sin saberlo. Los traductores son los dueños secretos de las diferencias y las afinidades de las lenguas.

Yo lo homologo a lo que ocurre con los libros en una biblioteca… cuando aparece lo que llamamos lo inclasificable… algo que no entra muy bien en categorías. Es decir, lo podría graficar así: encontrar un zapato en un placard es habitual, o un sachet de leche en la heladera también lo es, pero, si abrimos la heladera y hallamos un zapato dentro: estamos en problemas o estamos obligados a pensar, mínimamente, como llegó eso ahí.

Clasificar es pensar, pensar en categorías, claro. Lo hacemos todos, a cualquier edad, sin distinción de sexo, a diario y constantemente. Clasificar es pensar y pensar es clasificar… es traducir, es interpretar: leer en definitiva… pero hay un cierto límite en esto. Cuando la clasificación nos ahorra la tarea de pensar, ya no clasificamos ni pensamos, el sujeto queda cautivo de un sistema vacío, alienado, perdido.

Clasificar es pensar y pensar es leer. Cuando comenzamos a diseñar el flyer y fuimos pidiendo o armando las referencias de nuestros invitados, Irene se había autoimpuesto el título de “Lectora”, había elegido presentarse de esa manera… y yo copiándome de ella dije: “Yo también soy lector”, porque todos somos lectores, luego inevitablemente nos recayeron los títulos, pero todos somos lectores: Los lectores son lectores, los lectores atentos son lectores, los escritores son lectores, los psicoanalistas son lectores, los traductores, los editores, los bibliotecarios somos lectores.

Nosotros, los habitantes de estos márgenes somos lectores, lectores privilegiados, porque quizás, desde una posición tercera del huequito donde encarnamos esa “marginalia”: nos hacemos un huequito, habitamos ese huequito y formamos una gran comunidad de lectores.

¡Muchas gracias y bienvenidos!

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domingo, 6 de septiembre de 2020

Análisis figurable y desfigurable. R Horacio Gomez

letraducciones, malestar, psicoanálisis, quecirculelapalabra No hay comentarios


                    Como analista, en mi trabajo, traduzco. De diversas formas. Traducir, trocar, trasponer, trasvasar, transcribir, convertir, desplazar, alterar, sustituir, permutar, trasmudar y así sucesivamente la lista de verbos continúa. Tantos verbos empleados por el mismo Freud y algunas variantes de los mismos preferidas o descartadas por los traductores de su obra. Específicamente en El análisis de los sueños surge el término "figurar". Figurar y desfigurar implican dar figurabilidad o quitarla. Lo figural es lo susceptible de figuración. Un trueque que facilita el trabajo del sueño. Una expresión figural es para Freud concreta mientras que —llamativamente— a una expresión abstracta la llama "incolora". Una remodelación de la lengua en juego en la que —la mayor parte de las veces, es decir no siempre— se trata de imágenes visuales. ¿Será cuestión de colorear los pensamientos?

Trasponer pensamientos en imágenes facilita el trabajo analítico. Si esto es así, la cultura actual, impregnada de imágenes visuales, ¿nos facilita o nos entorpece el trabajo analítico? ¿Podemos figurar con los oídos un sonido o un ruido, o remodelar un aroma o una superficie rugosa? Un olor o un perfume suelen evocarnos una escena completa en cuestión de segundos. Por otro lado, a una expresión incolora podríamos darle matices, aclararla, oscurecerla o hacerla más nítida. Freud mismo habla de la nitidez de algunos de sus sueños, como si fuera necesario regular una lente. También recuerdo que en otro texto acuñó la frase "colorear afectivamente".

Como analista, me percato de hecho, que trabajo cada vez más con imágenes. Quizás el desafío sea seleccionar —como cuando interpretamos un sueño— cuáles son los medios de figuración facilitados para cada sujeto o —asimismo— qué especie del objeto a está en juego en un momento del análisis: seleccionar visualmente a nivel escópico o escoger sonidos a nivel invocante.

En algunas ocasiones se me figura una imagen mientras escucho a un sujeto hablar en la sesión. Cuando esto ocurre trato de “apalabrarla” de la forma más fiel posible, como si describiera un cuadro, y entonces aporto una figurabilidad como analista a ese sujeto en análisis, o dibujo un trazo en el lienzo en blanco ante un niño para despertar un grafismo dormido o congelado. Suele funcionar. Ante un joven que estaba configurando una fobia y que se quejaba porque enrojecía rápidamente ante las personas, por lo cual terminaba comiéndose sus palabras, me sorprendo un día diciendo: "Hoy pudiste hablar de tu cuerpo y ya no te pusiste rojo". Se trataba —afortunadamente— de un análisis “cara a cara” que me permitía ver las tonalidades de sus rubores.

En otras oportunidades mi trabajo se bloqueó al dejarme influir por alguna imagen negativa de un analizante determinado. Esa imagen no me permitía operar hasta que pude descifrar la dificultad en mi análisis o en una supervisión. Ahí fue necesario quitar figurabilidad pues aparecía como resistencia del analista. Por ejemplo, la imagen perturbadora de un hombre que entraba llorando y se derrumbaba en el diván, se me aparecía una y otra vez, repetidamente, hasta que me percaté que esa imagen, fijada en mi mente, me impedía escuchar el sufrimiento por el que él consultaba.

Los grafismos de los niños nos aportan un material increíble, un vaivén que navega de pensamientos a imágenes, de imágenes a pensamientos y así sucesivamente, con intercalaciones lúdicas, sonoras, táctiles y hasta gustativas. Considero que, cuando un niño dibuja en análisis, se produce un “miramiento” por la figurabilidad, mediante el cual el pequeño selecciona la mejor imagen posible para expresar el conflicto vigente en su psiquismo y los entramados familiares concomitantes. De esa forma se modela un síntoma, se produce un alivio y ello permite seguir trabajando y disparar la asociación libre o la producción de un lapsus. Muchas veces un niño traduce en imágenes lo que sus padres o allegados expresaron en palabras, hasta encontrar él mismo sus propias palabras.

Un niño que atendí dibujaba todo el tiempo casas "For sale" o "For rent", porque hablaba muy bien inglés, (significa "En venta" y "En alquiler"), y cuando le preguntaba por qué, no daba ninguna razón. Hasta que un día la madre dijo, en un encuentro, que tenían a los cuatro abuelos del niño viviendo con ellos y que se sentían invadidos. Además, estos abuelos tenían problemas de salud y demandaban constante atención. Otra solución no habían encontrado. Entendí así lo que el niño traducía de los padres: una casa no sentída como propia. Les dije que al menos el espacio del consultorio les era propio, que ahí los abuelos no habían llegado, y esto los alivió bastante a todos.

En relación al quehacer del analista que traduce textos de otro analista —trabajo que disfruto y sostengo— no encontré hasta el momento un modo o medio de figurabilidad específico, aunque sí formas de remodelación del material. Por ejemplo, buscar la expresión más cercana posible entre una lengua y la otra, pero esto lo puede hacer un buen traductor que no sea analista. ¿Cuál es la especificidad del analista que traduce textos? Lo que puedo aportar es lo siguiente: cuando detecto una equivocación, en lugar de corregir, aviso al analista en cuestión, porque así le doy la oportunidad de que lo trabaje en su análisis o para el desciframiento del texto clínicamente. Aviso o advierto sobre su lapsus o equivocación, aunque mi función no sea ser su analista o su supervisor, para hacer trabajar al inconsciente del analista que escribe, en vez de una corrección al estilo docente tradicional (tarea que sería mucho más sencilla y tranquilizadora pero adormecería mi labor). Es decir, el aporte sería contribuir, como analista, a la traducción del inconsciente de otro analista.

¿Cuáles son los aportes del estudio de las culturas primitivas al psicoanálisis? El Bastón de Santiago, que es la Piedra Rosetta de la cultura Rapa Nui, es un cetro de madera que perteneció a un Ariki o jefe de Isla de Pascua, contiene 2300 glifos, en grupos de tres o múltiplos de tres, intercalados con líneas verticales espaciadas irregularmente. Lo interesante para nuestro quehacer es que el primer glifo de cada grupo lleva un “sufijo fálico”, un motivo identificado como un falo. Se trata de un canto de creación, una cosmogonía, una sucesión de cópulas que da cuenta de la creación de todas las cosas del mundo. El primer glifo en cada triada es el copulador, el segundo es el copulado, y el tercero, el hijo resultante de la cópula. Una especie de triángulo edípico que podríamos denominar también triadas de procreación. En Isla de Pascua se escribía sobre tablillas que eran giradas a medida que se leían. Al final de cada línea era necesario hacer un giro de 180 grados para continuar la secuencia. Los glifos, que son signos, en rongo rongo, que es el nombre de esta escritura, no representan un alfabeto ni sílabas, sino que funcionan como un “ayuda memoria” o recurso mnemotécnico para palabras o ideas, o un recurso para recordar datos, como las cuentas de un rosario. Cada signo es un gancho del que cuelga el texto, sin artículos ni conjunciones. Las palabras faltantes eran completadas por el lector a medida que el contenido de la tablilla era cantado. Por lo tanto, a la manera de una partitura de jazz, un texto podía tener distintas versiones. Los detalles debían ser improvisados. Entonces no habría posibilidad de traducción a la letra, pero sí el ejercicio de trabajar con la dimensión de la falta, que nos incumbe como analistas e incumbe a todo sistema de escritura, por más completo que se precie de ser. 

Para comunicarse con el autor:   gomhorac@hotmail.com
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sábado, 5 de septiembre de 2020

Una posible traducción de lo ausente. M Teresita Pullol

letraducciones, malestar, psicoanálisis 1 comentario


 

“Un sentimiento lingüístico” menciona Freud en El malestar en la cultura[1]. Recorrer los intersticios de la traducción en psicoanálisis desde Letraducciones y celebrar el texto freudiano en sus 90 años en estas Jornadas de EnL(a)zos, convergen a que ese sentimiento lingüístico pueda ponerse en acto. 

Refiriéndose a las actividades y valores “culturales” útiles hacia el humano, en tanto ponen la tierra a su servicio, Freud dice “(…) la escritura es originariamente el lenguaje del ausente”[2]. Siguiendo la lógica de esa frase podemos pensar, ¿qué es lo ausente que habita en la escritura? ¿Qué se escribe como ausente? ¿De qué ausencia se trataría? ¿Qué lectura y escritura podemos hacer de la ausencia?

Releyendo a Freud, Lacan introduce el registro de lo Real. Será la aproximación a lo Real lo que promueva su discurso, como aquello que no se alcanza y que es imposible de traducir exactamente, porque no hay Simbólico que lo recubra en su totalidad. La traducción se encargará de acercarse, aproximarse a algo de “eso”: ponerle algún nombre, en este caso, a lo ausente. ¿Es una manera de traducir en esa ausencia lo que falta? ¿La falta bordea ese Real de la ausencia? ¿Se escribe lo ausente en análisis?

Tomaré otra frase que, aunque está en nuestro texto homenajeado, tiene su autoría en el libro del Levítico de la Biblia. Cuando la coloca en El malestar en la cultura, se puede reconocer a un Freud irritado, que argumenta con un dejo de fastidio porqué habría de someterse a semejante mandamiento. Leemos: “(…) el problema es aquí cómo desarraigar el máximo obstáculo que se opone a la cultura: la inclinación constitucional de los seres humanos a agredirse unos a otros, y por eso mismo nos resulta de particular interés el mandamiento cultural acaso más reciente del superyó: ama a tu prójimo como a ti mismo”[3]. Por un lado, el sujeto estaría impelido a amar al otro según le indicara el Eros de la cultura, pero por otro, se encuentra frente a una verdad con un tinte ominoso, ya que en el inicio no habría más que pulsión de muerte. Algo de lo Unheimlich se nos precipita en el prójimo. ¿Cómo combinar, entonces, esta tensión pulsional que se nos presenta como una fuente del malestar en el imperativo de amar al prójimo?

Entendiendo al prójimo como semejante, como sí mismo, hablaríamos únicamente de la versión imaginaria que inviste su presencia. A este aspecto ineludible es preciso considerarlo en su valor instituyente: es la dimensión imaginaria de la relación del sujeto con el prójimo, definible en términos de reconocimiento. Se trataría de ver cómo ese otro, —que me habita— me reconoce, me confirma, me interpela, o cómo no lo hace. Aún así, este planteo no nos resulta suficiente, ya que el sujeto se escribe con una topología que no tiene ni adentro ni afuera. El sí mismo, no es equiparable al Yo.

En el Seminario La ética del psicoanálisis, Lacan formula que el goce como mal, entraña justamente el mal al prójimo: “(…) cada vez que él —Freud— se detiene, como horrorizado, ante la consecuencia del mandamiento del amor al prójimo, lo que surge es la presencia de esa maldad fundamental que habita en ese prójimo. Pero, por lo tanto, habita también en mí mismo. ¿Y qué me es más próximo que ese prójimo, que ese núcleo de mí mismo que es el del goce, al que no oso aproximarme? Pues una vez que me aproximo a él —éste es el sentido de El malestar en la cultura— surge esa insondable agresividad ante la que retrocedo (…) el goce de mi prójimo, su goce nocivo, su goce maligno, es lo que se propone como el verdadero problema para mi amor”[4]

¿Quién viene al lugar de prójimo? Aquel que, invocado, acepta este llamado. Pero no sabemos a priori a qué lugar llegará ese prójimo; quizás no sea al “mejor” lugar. Lacan dijo: "El prójimo es la inminencia intolerable del goce"[5], advirtiéndonos de la vertiente Real del prójimo, que puede gozarme o me tienta a hacerlo. Pero si llegara a un buen lugar, en algún punto remedia la falla de mi estructura y permite reencontrarme con la falta, aquella que funda el deseo. Allí el goce no es el que aleja del deseo —goce parasitario según Lacan— o lo que Freud llamaría fijación a un goce infructuoso. El prójimo en el buen lugar me permite perder ese goce que no sirve, relanza a reencontrarse con una falta propiciatoria. En esa vertiente: “el prójimo me hace falta”. La falta, ¿no es una forma de la ausencia?

Siguiendo con el trípode estructural del sujeto, en el campo de lo Simbólico, Lacan escribe “muerte”, porque sólo podemos tener una relación a la muerte gracias a que existe la palabra. “Muerte” nombra a la ausencia extrema. ¿Cómo se puede registrar la ausencia extrema sin el significante? Cuando lo Real en el otro se manifiesta como no semejante, aparecen algunas figuras del malestar que con el lenguaje podemos traducir como ausencias: excluidos, segregados, desaparecidos, exiliados…   Poder nombrar la ausencia, nos hace escriturar “30.000 desaparecidos”, nominar el genocidio nazi —por el cual también Freud encarnó otra figura de la ausencia en el exiliado—, contar inmigrantes muertos en el mar y en la tierra, inscribir nietos expropiados…

En los ausentes segregados de la época, ausentes de los lazos que sostienen la trama social, el ausente es el sujeto, en el goce del otro prójimo amenazante.

Si para Freud la neurosis va en aumento en la medida que crece el malestar, y Lacan nos dice que “cultura” equivale a “lenguaje”, siguiendo a Isidoro Vegh, podemos decir que la neurosis es la manifestación del malestar del sujeto en el campo del lenguaje[6].

El malestar se presenta como un exceso de goce oscuro que no llega a dejarse reconocer, intolerancia al modo de goce en la medida que es esencialmente aquel que me sustrae del mío, y produce ese malestar porque no tenemos un saber-hacer-con-eso…

¿Qué podemos escribir desde nuestra experiencia como analistas? No podemos hablar de un hombre naturalmente bueno, lo leemos y releemos en El malestar en la cultura. Y tampoco podríamos hablar de un gen de la maldad. Nosotros, cada uno de los que estamos aquí, puestos en determinados lugares podemos producir lo peor. Eso constituye el sujeto RSI, eso (nos) constituye prójimo RSI.

En Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis, leemos: “Pues la función del lenguaje no es informar, sino evocar. Lo que busco en la palabra es la respuesta del otro. Lo que me constituye como sujeto es mi pregunta. Para hacerme reconocer del otro, no profiero lo que fue sino con vistas a lo que será. Para encontrarlo, lo llamo con un nombre que él debe asumir o rechazar para responderme. Me identifico en el lenguaje, pero sólo perdiéndome en él como un objeto. Lo que se realiza en mi historia no es el pretérito definido de lo que fue, puesto que ya no es, ni siquiera el perfecto de lo que ha sido en lo que yo soy, sino el futuro anterior de lo que yo habré sido para lo que estoy llegando a ser”[7]. El lenguaje evoca una ausencia. Y sigue: “(…) mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época. Pues, ¿cómo podría hacer de su ser el eje de tantas vidas aquel que no supiese nada de la dialéctica que lo lanza con esas vidas en un movimiento simbólico?” [8]

La resolución del “odioamoramiento”, deseo enlazado al amor y al goce, admite una buena salida a esta relación con el prójimo: el prójimo como anudamiento puede ayudar al sujeto a constituirse. Sin amor bien enlazado no hay corte con el goce parasitario, y es la palabra la que enlaza o desenlaza el goce. Aparece otra lengua, otra escritura: un trabajo de traducción.

Estas Jornadas son una manera más de realizar lo que denominamos psicoanálisis en extensión. Así como una y otra vez reinventamos el psicoanálisis, nuevamente nos implicamos al tomar la palabra en posición vertical, de aquello que constituye nuestra experiencia en lo horizontal del diván: “La escritura es el sujeto”. [9]

Escribir lo ausente es acotar la falta, traduciendo cada vez el límite alcanzado.

En la época del “Tú puedes”, el psicoanálisis es resistido por que lleva a lo imposible, al encuentro con lo Real. El malestar que traducimos los analistas es aquel que habla de la castración, la falta estructurante de todo discurso. Escribimos, cada vez, la ausencia de la relación sexual, que está en la base de cada síntoma, que se replica en las formas del malestar en la cultura.  El psicoanálisis habla de una pérdida inaugural y estructural, una ausencia que nos funda.

En 1938 la Gestapo ya había establecido su sucursal en Viena. Algunos nazis como Himmler, Goebbels, avalados por el efecto paralizante del terror, planeaban encarcelar a todos los psicoanalistas. La casa de Freud había sido asaltada por bandas de las SS, llevándose 6.000 chelines. Freud, al enterarse, dijo que ni siquiera él cobraba tanto por una visita domiciliaria. Anna, su hija, había sido secuestrada por la Gestapo, estando todo un día “desaparecida”. Antes de partir rumbo a su exilio en Londres, Freud fue obligado a declarar por escrito que había sido “bien tratado” por las autoridades. Al firmar agregó lo suyo: “Puedo darles a todos las más altas recomendaciones de la Gestapo”[10], señala Peter Gay. Freud tuvo la suerte de que los hombres de las SS que leyeron su recomendación no advirtieran la ironía oculta. “Nada habría sido más natural que considerar ofensivas sus palabras. ¿Por qué, entonces, en el momento de la liberación, corrió conscientemente ese riesgo mortal? Fuera cual fuere la razón profunda, su ‘elogio’ de la Gestapo fue el último desafío de Freud en suelo austríaco”[11]

Un saber-hacer-con-eso de Freud en esta escritura. Ausente en un punto oscuro, y presente iluminando, con su letra, su texto, su escritura. Escribir será una posibilidad para que no cese de no escribirse lo no nombrado. La escritura como un acto del qué hacer con el malestar.

Si la escritura es originariamente el lenguaje del ausente, el psicoanálisis, como escritura, se torna el lenguaje de “lo” ausente. Y Freud se vuelve una presencia tan inconmensurable, que nos hace estar aquí reunidos, hablando de su Malestar, noventa años después.



[1] Sigmund Freud. El malestar en la cultura. En: Obras Completas de Sigmund Freud. Vol. XXI, Buenos Aires: Amorrortu, 2001. pág. 88.

[2] Ibídem. pág. 90.

[3] Ibídem. pág. 138.

[4] Jacques Lacan. La ética del psicoanálisis: Seminario VII (1959-1960). Buenos Aires: Paidós, 1988. Clase Nro. 14 (23 de marzo de 1960). págs. 217-230.

[5] Jacques Lacan. De un Otro al otro: Seminario XVI (1968-1969). Buenos Aires: Paidós, 2008. Clase Nro. 14 (12 de marzo de 1969). págs. 199-213.

[6] cf. Isidoro Vegh. El prójimo: enlaces y desenlaces del goce. Buenos Aires: Paidós, 2001.

[7] Jacques Lacan. Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. En: Escritos 1. Buenos Aires: Siglo XXI, 2002. pág. 288

[8] Ibídem. pág. 309.

[9] Isidoro Vegh. Las intervenciones del analista. Buenos Aires: Agalma/Acme, 1997.

[10] cf. Peter Gay. Freud: una vida de nuestro tiempo. Buenos Aires: Paidós, 1989.

[11] Ibídem.                           


                  Para comunicarse con el autor:   mt_pullol@hotmail.com                

 

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martes, 1 de septiembre de 2020

El malestar en la cultura, 90 años después

letraducciones, malestar, publicaciones No hay comentarios






¿Cómo traducir al malestar? El espíritu “letraduccionero” pendula de una lengua a otra, que es como decir de una instancia psíquica a otra, de un significante a una imagen, de un registro a otro. Desde Letraducciones tenemos el gusto de presentar y editar el libro que homenajea la escritura de El malestar en la cultura a sus noventa años, que surge a partir de las Jornadas que EnLazos Psicoanálisis Bariloche organizó para la celebración del aniversario del texto en 2019. Noventa años de escritura y reescritura, de lectura, relecturas, texto reactualizado y renegado, texto prínceps y fundamental del movimiento psicoanalítico. 

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Habitando el sentimiento lingüístico nombrado en El malestar en la cultura, nos adentramos en los instersticios de la traducción EN psicoanálisis, intentando real-izar el pasaje de una lengua a otra, en transferencia con la obra de Freud y Lacan. Nuestro trabajo transita la experiencia del (des)encuentro de las lenguas Traducción visual: animación de Nico Mobi; música original Pengy SoundCloud

Freud en cuarentena. Traducción visual en mayo 2020.

"En las vacaciones de 189...emprendí una excursión por la montaña,con el propósito de olvidar durante algún tiempo la medicina, y especialmente las neurosis..." Así comienza Freud su relato del caso Catalina, y leemos la transferencia en la montaña. En la pandemia de 2020... podríamos comenzar el relato hoy, la montaña y el afuera detrás de la ventana, más que nunca, pero la transferencia, siempre, instalándose. Por esta traducción visual agradecemos la animación de Nico Mobi y la música original de Pengy SoundCloud

6 DE MAYO DE 2020

En el atípico año 2020 celebramos el nacimiento de Sigmund Freud. Esta vez, una traducción visual fue posible gracias a la animación de Nico Mobi, su cámara y su disposición.
"Mi teoría de la traducción, en abstracto, es: “Todo es traducible porque nada lo es”. En ese punto, me siento borgiano. Los idiomas son inconmensurables. Eso es lo ideal. Dos idiomas son dos modos de concebir el universo" (Ricardo Rodriguez Ponte, Lapsus Calami N4)

APENAS PENSA ARNALDO ANTUNES

Soy un artista de las palabras...

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